Hay algunas enredaderas al borde del tronco insólito del alma,
aquélla postal con balcones de las querencias ajenas, el viacrucis
del equipaje siempre listo, el portón zambullido de algún nombre
quedado, sin pronunciar por la carne de la noche con grillos...
LOS RINCONES DE MI CASA
Mejor ámbito aquí, dentro de casa,
para escribir lo ancho
y lo pequeño de este mundo.
EUGENIO FLORIT
Aquí la humedad guarda su misterio. En cada esquina, el polvo
de lo añejo, húmedas telarañas cuelgan de los párpados,
alrededor, cuadernos escritos en la memoria de otros días;
nunca he sabido de qué se alimentan los rincones de mi casa,
pero en cada uno hay pequeños adornos: de pronto un pez,
un barco, mariposas como transeúntes sobre la espuma;
hay fotografías y raíces de simbólicos viajes, sueños permanentes
como el hambre, pequeñas esculturas, yertas palabras,
heridas que ha producido el frío a lo largo de sus riales lácteos,
Más de algún desván de absurdas almohadas,
alfileres de secretos en los sueños, párpados en el algoritmo
de la geometría de los ángulos.
Entre una pared y otra, las vigas con sus piernas silenciosas,
las cosas que se gastan como las palabras, los excesos de tiempo
tirados al agua de la respiración, los ojos hechos añicos
por la salmuera acumulada en los estantes de tanto barbasco al filo
de la boca, de la risa inventada en la medianoche del asco.
A menudo los inventarios provocan soledades mayores, vuelven
incierta la sal del invierno, el escupitajo de la sobredosis
de sueños, el gimnasio de los periódicos con muletas,
las persianas sonámbulas del cielo,
la agenda del calendario tiritando en los dientes de este aquí mundo
que se avecina en el gris marchito de la luna, en el cuarto menguante
del zinc de la voz, aires que agrietan, rajan, resquebrajan, aire y luz
apenas en el boquete del alma, sin resquicio ni rendija,
ropa suelta colgando de lo inefable,
hollín, sin embargo, abrazando la ternura, ojos que una vez fueron
la voz, hoy desvalidas manos en el azúcar.
Hay muñequitos de barro de Ilobasco*, dedos ocultos en las ojeras,
quedados aquí, desteñidos en la indiferencia del escombro,
acompañados sólo por la evocación del traspatio del día,
con el pigmento arqueado de la saliva.
Hay algunas enredaderas al borde del tronco insólito del alma,
aquélla postal con balcones de las querencias ajenas, el viacrucis
del equipaje siempre listo, el portón zambullido de algún nombre
quedado, sin pronunciar por la carne de la noche con grillos
y grilletes, delirantes dedos de las palabras sobre el anhelo punzante
del corazón insaciable de formas inasibles.
De pronto todo presentimiento se ha vuelto desgarrador: llaves,
puertas, las escaleras del aire al punto del vértigo, ayer, hoy,
la historia demoledora de mis juguetes distante, ya por ejemplo,
de mi tiempo, cerca del encierro hondo de la madera y la tierra,
temprano a la colilla de la hoguera, a la extraña fuerza del destierro.
Al final sólo quedan los ecos empujando la huída…
Barataria, noviembre de 2011
*
Ilobasco es un municipio en el departamento de Cabañas, situada en la cima de una colina a 780 m SNM. Se encuentra a solo 54 km al este de la ciudad de San Salvador por la carretera Panamericana.
Actualmente es un sitio muy frecuentado por turistas que llegan a ver la elaboración de las famosas artesanías hechas de barro, entre ellas las miniaturas que son elaboradas con una delicadeza incomparable, la mayoría de ellas de unos pocos milímetros.