La apatía se ha vuelto una ventana sin risas. El frío ha tomado
por asalto la marea de la intimidad: tenemos amarillos cuartones
sobre el césped, y negaciones en el granero del alma.
No sé en qué tiempo vivimos ahora, ni cual fue el anterior,
ni el futuro, —el día desploma las bocas, las astillas se tornan
dentaduras, la herida una cárcel sin paraguas.
CONTRAPUNTO DEL ENTUSIASMO
…la boca del tiempo sorbió como una esponja
el ácido lechoso en cada gozne
y se tragó los líquidos del pecho hasta secarlo.
DYLAN THOMAS
La apatía se ha vuelto una ventana sin risas. El frío ha tomado
por asalto la marea de la intimidad: tenemos amarillos cuartones
sobre el césped, y negaciones en el granero del alma.
No sé en qué tiempo vivimos ahora, ni cual fue el anterior,
ni el futuro, —el día desploma las bocas, las astillas se tornan
dentaduras, la herida una cárcel sin paraguas.
La garganta se alimenta de olvidos; hay puertas que nunca
se abrieron al entusiasmo, ni habitaciones que guarden la respiración.
Frente al dique de las puertas, sólo el susurro de las paredes
con el grafiti susurrando fuegos y ventiscas,
con el insomnio en las gavetas de la intemperie: alguna vez
nos dedicamos a ver el aire, armar la piel en catálogos,
ponerle epitafios al pensamiento, jugar a río con la lengua,
dibujarnos a nosotros mismos en el papel de las sombras,
escribir la sal excéntrica de lo relativo, jugar deliberadamente
con los espejos, sin que las palabras fuesen destiempo:
un día decidimos enumerar las páginas del silencio: llegamos
a la herrumbre, gota a gota el desequilibrio de los relámpagos,
el tumbo gris de los colores,
las afirmaciones negativas de los itinerarios,
las llaves con candados de cansancio, aguas con el tizne de la negación,
avalancha de suicidios y desnivel de escaleras, casi subterráneas
alforjas en el alma. —Hoy en día no nos alcanzan los pies para
recorrer todo el asfalto no transitado, ni la sombra alfabética
de la otredad, ni los ojos prendidos en el pañuelo después de tantas
estatuas de sal
haciendo de las suyas en el cuadro sinóptico del insomnio.
Creo que ya no hay posibilidades de hacer reír al polvo, quitar la araña
del sueño, limpiar las palabras feas del diccionario de los poros,
soñar en el indicativo de la ternura, resignarnos al olvido; después
de todo, alguna de nuestra parte siempre fue soledades,
direcciones postales equivocadas,
aprendizaje de tumbas, féretros de impotencia, yaguales de pretextos,
Silabeo de ningún idioma,
Árboles en cuya asta, nunca volaron los pájaros, sino el ejército
Violento de las hormigas, el escozor, los anillos ciegos de los gusanos,
La mugre asoleada de la chatarra, las paredes domésticas
De los neumáticos, el ojo sospechoso del almanaque,
Y ese agravio mayor: el altavoz de la catacumba en la conciencia.
Barataria, 11.III.2011