No sé si un día se nos gastará todo el alfabeto, aunque para entonces,
tendré de brebaje el asombro, el éter devastador de mis dolencias;
para entonces, es decir, para siempre, habré hecho de lo incierto
una certeza: una sola palabra, leve como las sombras que nos andan...
Fotografía de André Cruchaga
PESE A TODO, LO EFĺMERO SIEMPRE ES ETERNO
crees que puedes cambiar toda la suerte y,
aunque vamos derechos a la muerte,
vives de lo pasado todavía.
JOSÉ GARCĺA NIETO
Pese a todo, lo efímero siempre es eterno: al leve roce flotamos en el abrigo
de las reminiscencias, sueños sublimados convertidos en relámpagos;
lenguas alrededor de la colmena que el tiempo erige en bóveda.
Jamás perdemos la escalera de la respiración en el baúl del calendario,
la gota de sangre nos conmueve en la cruz de cada día,
—vos siempre presente en las puntillas del viento, en el siglo
del minuto de las jardinerías, extrañas bocas que crecen en las raíces,
la piedra exacta en la lengua deshojada,
manos en el hueco del ala del cuervo a punto de secar la tinta
de la lluvia y sin embargo, abajo en las aguas subterráneas
de la conciencia, vos tan verde con tus ojos de musgo, tan llena
de cráteres y miradas, fuego del rescoldo a la vista del alma.
Siempre las pequeñas cosas tocan la barba del tiempo: —me tocas,
nos tocamos para siempre, es decir, el techo indeleble,
las aguas lustradas del verde, sin latidos, fluyendo sobre el agua
de los cabellos, sangrando en la espina dorsal del aire.
—Fuimos y seremos siempre, el ala, el sol a manos llenas con todas
las posibles oscuridades del planeta, con todos los muertos que anuncia
el trueno, ramas donde revolotea el vaivén de las sienes,
los ijares del minuto en la campana de abanicos y ventanas.
A menudo la luz nos asiste con crin a quemarropa: no podemos dejar
de ser, ciegos ante el destino, ciegos de tanto mirar el horizonte
en retrospectiva, ciegos ante la plaza liquida de la piel.
¿Cuántas veces despoblamos los instantes de la inminencia,
y se torno sospecha cuanto estuvo cerca de nuestros pálpitos,
los temores, el juego de sonar, todo el invierno crecido de las horas?
Nunca fue fácil reír ante la alegría desconocida,
aquella luz absurda, de pronto en la sombra del claroscuro,
en aquel espejo extraño de las palabras con fervor de minuto.
¿Qué hacemos hoy, con tanta memoria acumulada, sin acequias?
Siento la extraña forma de los mapas, las mismas preguntas descreídas,
el crepúsculo de un blues a la hora de hacer inventarios;
hay eternidades, por supuesto, mejores que el abandono absoluto:
—vos venís en el aliento del vilano, en la mariposa de la flama,
en ese extraño truco del alba y el cierzo.
No sé si un día se nos gastará todo el alfabeto, aunque para entonces,
tendré de brebaje el asombro, el éter devastador de mis dolencias;
para entonces, es decir, para siempre, habré hecho de lo incierto
una certeza: una sola palabra, leve como las sombras que nos andan
alrededor de los más antiguos aromas.
Al despejarse el camino, entramos a la memoria…
Salt Lake City,Utah, 24.XII.2011
2 comentarios:
André, paso a dejarte un abrazo, mi cariño y admiración de siempre. Un placer leerte amigo poeta y como dice Pere, hermano en la palabra.
Lo mejor de la vida ya lo gozas, sólo deseo que siga acompañándote el resto de tu vida.
¡Felices Fiestas! Un 2012 esplendoroso.
Gracias, amiga poeta, por tu mensaje, por tu poesía, por la amistad. Mis mejores parabienes para ti y tu familia. Un abrazo de
André Cruchaga
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