Sigue ausente el rostro que crepite sin la ignominia de la espina,
la ola que no borre los muelles,
un paraguas con la concavidad necesaria del horizonte.
Sobre el techo, escaleras de humo beben mi palpitación;
Arecen errantes las alas cuando no hay un árbol de secretos,
Ni la paz consigue poner de rodillas la danza macabra del grito.
Imagen tomada de Miswallpapers.net
SIGUE SIENDO AUSENTE
Sigue siendo ausente la entraña al amparo del camino:
es difícil no pensar en la escritura del nosotros: en el viento
verde de las palabras, en la mesa recurrente de sábanas,
en la devoción de oír tu voz en mi aliento, aclarar la vereda
de las manos, fabular en la escritura del césped.
Sigue siendo ausente la jarra de café en las horas claras,
donde la fatiga ahogue su travesía de lobo.
Siguen estando rotos los sueños y ausente el catecismo del olvido;
frágil es la eternidad por más dura que parezca,
al final sé que moriré sin que me acompañe un cuaderno.
Esto que digo es verdad al andar entre espinas: acechan
los peligros sin remedio a dentelladas.
Sigue ausente el rostro que crepite sin la ignominia de la espina,
la ola que no borre los muelles,
un paraguas con la concavidad necesaria del horizonte.
Sobre el techo, escaleras de humo beben mi palpitación;
Arecen errantes las alas cuando no hay un árbol de secretos,
Ni la paz consigue poner de rodillas la danza macabra del grito.
Aunque no se crea, las ciudades su propia existencia,
el desarraigo es mayor cuando se junta ignorancia y cama,
la mesa con la trinchera,
la desnudez junto a la neblina de la lluvia.
Hay dolor en el extrañamiento, en la grieta de las fronteras,
en la guitarra desafinada que estruja la conciencia del aire,
en cada ojo cuando las manos toca fondo en la noche y nadie
responde, salvo el perro que suspira bajo sombrillas,
en candiles empinados de escaleras a punto de romper el reloj
plegado de las sombras. Hay tantas cosas que siguen siendo
ausentes: llora el corazón en el desierto,
campanas hostiles, las moscas con su campanario de heridas,
la lucidez para abrirle orificios a la realidad,
el quirófano para cambiar la geometría del aire,
la seguridad cuya memoria es patética. No sé si es simple
repetición o una patología la barbarie siempre del presente,
el comején expansivo del hollín,
la polilla escapada de los relojes, el desarraigo masivos de ciertos
discursos, la mara secas convertida en caótica muestra de museo.
(En las noches, sigues estando ausente de mis brazos:
nunca tocas la página interna del aliento, ni apareces en el instante
de la melancolía, ni en la infinitud del poema
que avanza en la urgencia del miedo. Sigues ausente en los rigores
del páramo, en la catarata del fuego,
en la humanidad que de pronto es absurda patria de lo vulnerable.
Ante los mismos argumentos, me quedo aquí, jugando
A las palabras, sin más pecado que soportar el frío.)
Baratararia, octubre de 2011

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