La verdad no es un rasgo común; lo común siempre es la mentira
vestida de verdad, falsedad alrededor de la verdad.
Siempre me pregunto dónde está el Paraíso. Consejo oportuno:
hay que volver al vacío nupcial de las abejas, hasta perderse
en el vuelo. El tal Paraíso está al trasluz de algún jilguero.
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PERPLEJIDAD ANTE LAS CERTEZAS
“Ningún pájaro se eleva demasiado alto—sentenció William Blake—,
si vuela con sus propias alas.” Por eso cada vez que miro
los puertos, hay un barco que me espera para zarpar, sólo no podría
hacerlo; las certezas, nunca han sido materia para los museos;
a fuerza de andar, me he resignado a los equívocos;
la felicidad nunca ha dejado de morir todos los días, ni el amor;
cuando entregué mi alma a la tristeza, salieron trenes de añoranza;
ninguna certeza es fiable en los ojos de todos, ni la noche
es tan oscura como vivir en los anteojos de la duda,
como la desmesura en un jardín de muertos;
nunca hay que tomarse en serio la miel de la colmena, sobre todo
cuando entre la miel, han quedado ocultos los aguijones;
cuando partimos, nunca partimos en realidad: siempre dejamos
una estela de recuerdos colgados de la pared,
siempre queda allí, irresuelto, el oficio subterráneo de las palabras.
Todos perdemos cuando partimos. ¡Qué fastidio! Las lámparas
que quieren hacer perfecto el camino, cuando en verdad,
cuando en verdad el polvo hace perder todo aroma.
Nadie le pone brida al reloj, siempre cabalga noche y día, engañoso
misterio del paisaje, sobre las ancas del despojo.
Toda sed es locura, avidez de las hormigas; todo hoy es gusano,
mañana fango, olvido, ceniza, desazón.
Jamás ha habido amores felices: si existen hay que desembarcarse
en la penumbra del sueño, en el delirio de los litorales;
la desnudez es sólo la oscuridad del cuerpo ávida de luz;
cuando toco una puerta no es por falta de pan, sino de cobija
para cubrir los ojos que caminan con la muerte.
Si el entendimiento se nos atasca, es porque cerca de nosotros
seguramente hay un vertedero de sombras y tempestades;
los dolores de cabeza son siempre la medianoche de la oscuridad,
cuando florecen los girasoles, el cielo se queda sin sol,
alrededor del poema hay raíces de tinta que luego darán vida
a la arcilla, a las almas vivientes de este mundo.
La verdad no es un rasgo común; lo común siempre es la mentira
vestida de verdad, falsedad alrededor de la verdad.
Siempre me pregunto dónde está el Paraíso. Consejo oportuno:
hay que volver al vacío nupcial de las abejas, hasta perderse
en el vuelo. El tal Paraíso está al trasluz de algún jilguero.
Entre el huracán del poema, quedan inertes mis dedos, pero suenan
las campanas como un rosario en el fondo del cuaderno.
Después de todo, cada recuerdo, es señal que he ido muriendo;
Sólo falta entrar a la vida profunda de las campanas.
Toda certeza es una sombra que no tiene nada que ver con la eternidad,
Sino con el escombro desgastado de las utopías…
Barataria, septiembre de 2011

2 comentarios:
Como no creo en las certezas,POETA, ni en las posturas omniscientes sobre la escritura,leo tu blog... con interés.
Un abrazo desde Buenos Aires.
Pues que tienes razón: la única certeza posible es no tener certezas. Un abrazo y gracias por tu visita y comentarios.
André Cruchaga
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