martes, 13 de septiembre de 2011

MATERIA DE SOLEDAD


La soledad es mayor cuando se ha perdido la inocencia,
cuando la ráfaga se ha convertido en manos,
cuando el amor madruga en los estratagemas
de los discursos políticos, cuando frente a mí
declina la inteligencia, y la escritura se vuelve artículo de lujo,...
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MATERIA DE SOLEDAD





En cada ojo, el asombro. La luz en la tela del alma.
El poema encuentra su espacio en el aire,
la orfandad, a menudo, es un acto de fe,
en lo alto del pensamiento habita la materia,
aunque siempre hay límites para la lucidez,
límites para el afán de las espigas,
los pozos de la muerte toman la palabra,
cada periódico que hace del sufrimiento la noticia:
a diario se pierde la inocencia,
me devora la melancolía y debo conspirar contra ella,
el poema es una manera de olvidarse del viento,
devorar el calendario hecho de palabras,
tomar los andamios de las calles en cada protesta,
jugar a la buena suerte sin perderse en las cloacas.

La soledad es mayor cuando se ha perdido la inocencia,
cuando la ráfaga se ha convertido en manos,
cuando el amor madruga en los estratagemas
de los discursos políticos, cuando frente a mí
declina la inteligencia, y la escritura se vuelve artículo de lujo,
—nuestros brazos dejaron de ser, el tránsito de la almohada,
dejaron de ser el río, para convertirse en mutilada flama.
Abrimos extrañamente los trenes de la noche.

Somos débiles caminos cuando el destino arrecia
cuando en la mayo ya no reverdecen las palabras,
ni es posible jugar a la alegría.
Ya no hay que buscar en la voz la claridad de las ventanas,
ni esperar la mesa ciega de manteles:
nuestro mundo está empedrado de espinas.
No nos sirve el aliento para vivir de fábulas, ni recuerdos,
ni quedarnos aquí subyugados a la noche,
al estrépito mudo de la perseverancia, a los trenes
que horadan los durmientes, al deseo de repartirnos…

En la incertidumbre se oyen los perros a la medianoche,
ladrarle a la luna rota del cigarro,
se escucha el ahogo atravesando los huesos,
mordiendo las esquinas de la ráfaga en la cama
donde acumulamos barcos errantes, barcos a la deriva,
violines de insectos, ascensores de imposible saliva.
En el poema somos y dejamos de ser:
ahora nombramos el desarraigo y la ola del suspiro,
seducimos al libro de las cucharas, a la poca escritura
que se abre a los deseos, cuando ya la sinrazón ha ocupado
el azúcar de la confianza. Dejamos de ser materia viva
para convertirnos en ese estrecho dudoso
habitado por la esquirla del abandono. Materia somos.
El panal mastica las palabras de los trenes.

Claudicamos, sin duda, cuando el ruido ha agujereado
Cualquier posibilidad de vivir en el Paraíso…

Barataria, septiembre de 2011

2 comentarios:

Leticia dijo...

Desde mi paraíso candente te escribo y me place leer acerca del infierno en el tuyo, sobre todo, participar de tu escritura desde tu claustro.
Un saludo André.

André Cruchaga dijo...

Gracias, querida poeta, siempre es un honor recibir tus comentarios en en este infierno insepulto.

Un abrazo,

André Cruchaga