Palpitan aquí los muelles perseguidos de la luz, zarpan
los anhelos sobre el grito del mar, se pierden los cuadernos
en las pupilas de la espuma con la dinámica de la razón
que la emoción desvela. Siempre luz y viento en la garganta,...
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MUELLES PERSEGUIDOS
¡No te tardes que me muero
carcelero,
no te tardes que me muero!
JUAN DEL ENCINA
Palpitan aquí los muelles perseguidos de la luz, zarpan
los anhelos sobre el grito del mar, se pierden los cuadernos
en las pupilas de la espuma con la dinámica de la razón
que la emoción desvela. Siempre luz y viento en la garganta,
los ojos en el espejo de lontananza, con este vivir prolijo
de enredaderas, arenas y litorales. A veces la brasa exorciza
los sueños más adustos y las rarezas que brotan de mis sienes,
el aguacero del beso, por ejemplo, que moja y liga el destino
con verde negrura; vive en mí la madera blanca de las olas,
el muelle donde ciego, camino sobre el andamio afín de los sueños:
navego porque la vigilia, es otra forma de quitarle el ceño
a las horas; la locomoción no cesa, la garganta la coloca
con celeridad en el pulso donde las velas, también hacen lo suyo:
alumbrar la puerta para ir más adentro de las aguas.
Todo es perfecto en esta fuga monolítica, perseguir sin duda
el afán de las gaviotas en los veleros, marchar en pos de las distancias,
ponerle remo a los paraguas de las nubes y colocar en la batalla
los dientes de Ulyses, el nombre de la garra en el nudo
de los relámpagos que en pleno horizonte, suelten la garganta
hasta lo más hondo. Vivo en este trajín de desgarradas frondas
y brasas, fondos del esplendor en mi lengua insepulta,
hojas que el follaje moja en la partida, en el muelle perseguido
de la herida. Advierto días de fuga, en cada tabla del eslabón
de la transparencia, pues la hondura es prolija en obcecar
la centella del sueño. Supongo que así es toda fuga: escribo cada verso,
mordiendo la redondez de las raíces;
junto al vapor que interpela mis oscuridades,
los pañuelos como gaviotas heridas en los cascos de las nubes,
sobre la lanza de la salmuera el pecho, los letargos de la arena,
y hasta mi voz hacia las cornisas del aire, hacia el rastro que dejan
los vados cuando ya han sido transitados por las ásperas huellas
de la noche, por el andamiaje oscuro de la muerte.
Siempre como un muelle perseguido el gozne de las ilusiones,
este viejo sudor de espesores,
las mutilaciones en el párpado andado: aún así, tomo los estribos
del imán y la flor que hacen las crayolas en la ventana,
las hambres de esta niebla náutica que me conducen hacia tierra
donde hay puertos, aunque no sé si alas,
para seguir esta ventura de mi propia sombra. La vida no cesa,
por eso, debo seguir con la urgencia leve de las aguas, sin demora,
hacia el mantel que me dé aire y vida, hacia adentro de mí mismo,
como quien busca en la alacena su propio aliento,
la tierra interior que de pronto todo lo imanta…
Barataria, agosto de 2011

2 comentarios:
Me has hecho temblar -Poeta- producto de las sensaciones que se aglomeran al leerte. Los muelles tienen esa palpitación de despedida y de retorno con su estoica espera y su semblante de soledad....
Me es grato leerte. Un placer.
Marina Centeno.
Me alegra, sobremanera poeta, que te haya gustado esta digresión por lo demás, metáfora del ir, fugarse, a veces sin retorno.
Un abrazo,
André Cruchaga
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