viernes, 26 de agosto de 2011

MANTEL NOCTURNO

El mantel de la vida, el mantel del cuerpo, los poros, —el césped azul,
flotando en las hojas como la brisa clara de la mañana;
según el aliento, invade los relojes, descuelga los dedos mutables
del calendario, sube la estrofa de la escalera,
la lengua de los ascensores, la saliva en el polvo de la sombras,...





MANTEL NOCTURNO




Por mucho que haya avanzado el mundo, en estas lides, no
he de capitular sin condiciones.
MARÍA ROSAL




El mantel de la vida, el mantel del cuerpo, los poros, —el césped azul,
flotando en las hojas como la brisa clara de la mañana;
según el aliento, invade los relojes, descuelga los dedos mutables
del calendario, sube la estrofa de la escalera,
la lengua de los ascensores, la saliva en el polvo de la sombras,
—allí me quedo vistiendo con orgullo las palabras,
el agua errante de los días que nos vieron nacer, trenes de brazos,
sobre la sal de la mesa. La sábana en la noche,
también es un mantel donde los cuerpos se dilatan y aprenden
a desmoronarse desde el techo. En el vaso húmedo,
la puerta revivida de cuantos ojos nos agolpan,
los poros enclavados en el tacto, juntos los labios y el bastón
de las semanas, los paraguas angostos de los lóbulos,
el plato del ombligo extraviado en la carne como un isla
o una taberna en el pecho. Bebemos siempre lo nuevo de la respiración
quemada, siempre oscura claridad la sandía del tórax,
encendida de ola crecida en la foja de la piel.

Nocturno el lápiz del pan sobre la mesa servida:
ahora hay miel y fuego en las manos, hay ojos multiplicados
como una melódica impecable de sonidos; hay verduras y hambre,
sangra, salta, corre el deseo, los tenedores tempranos de la noche,
fluyen las aguas como un tren líquido,
todo, el mismo libro voraz del fuego. Todo, en una sola mesa,
sin ser la misma piel en la boca, calles,
caminos donde se juntan las brazos; calles, caminos sin puertas,
nuestro mantel nocturno como un rito caminando sobre el aroma
de la harina. Nos hemos vuelto necesarios en la obediencia del eclipse:
necesitamos siempre una lectura postrera del sueño,
lecturas con alas, y repetidas hierbas en coro, hilvanes sin mesura,
y orgasmos de rudo zodíaco en el pentagrama.
Sobre el mantel nocturno, se agitan las sastrerías,
la tinta chamuscada del musgo, el barco que ancla en el vestigio.

En esto, la nocturnidad es nuestra aliada porque nos faltan días
para la vida, nos faltan dientes para masticar todo el follaje,
nos faltan caminos para andar todos los zapatos,
nos faltan tristezas para elevar todo el entusiasmo,
nos faltan ojos para dedicarnos sólo al tacto,
nos falta fuego para vivir todo el invierno,
nos falta arcilla para dejar de ser barro, nos faltan muertos
para vivir en el cielo. Pese a todo, trizamos el valor para probar el miedo,
hacemos puño el mantel de los pétalos para dejar el espejismo,
estiramos las costas para ver todo el litoral sobre la mesa del hálito.
Al final derribamos la frontera del sombrero, y el cofre del paraguas:
el zumo del silencio cae sobre los racimos del pulso…

Barataria, agosto de 2011