Como en la intemperie, el silencio derretido en las aguas del frío,
frío de plomo como los alfileres de la noche en el cuarto
menguante del calendario. A éste sigue la invasión
de los destrozos, el antifaz con su poderío incierto e indecible,...
Imagen tomada de Miswallpapers.net
ESTE FRÍO ACUMULADO EN EL SILENCIO
Cuando uno se ha sumergido largos días
en las cosas, pasando los ojos por las aristas
de los muebles, por las superficies;…
CÉSAR SIMÓN
Como en la intemperie, el silencio derretido en las aguas del frío,
frío de plomo como los alfileres de la noche en el cuarto
menguante del calendario. A éste sigue la invasión
de los destrozos, el antifaz con su poderío incierto e indecible,
cuando ya nada germina en las criptas por más inocentes
que sean las nostalgias que atisban espera y miseria.
Cada vez se fue haciendo basalto esta ciega torpeza de mis poros
hasta horadar los huesos, sismos que sólo yo entiendo
en el desarraigo contenido en el mi propio pantano; cada vez
—digo, con cierto dejo de resignamiento—: uno es al final
la cosecha de los centavos que la memoria sembró en los bolsillos.
Hay frío acumulado en mi garganta, es cierto;
pero también lo hay en las ventanas, en la tarde que madura
en los litorales, en el adormilado pájaro entre las sombras,
en el éxtasis del viento que ahora hierve en tazas de lentos sueños.
Todo es, a propósito, la medida del tiempo que ocupa el cristal
de los ojos, la tentación del fragor por los pretéritos,
esta vocación de dormitar en los abanicos del retumbo,
en el entorno de la piedra de medianoche; y así voy,
descifrándome, a menudo es hambre es insuficiente para llenar
sin tregua la bitácora acumulada en el silencio. En cada tempestad,
uno hace toldos en la almohada,
descansa sin abrigo los embates, hasta que se entiende la agrietud
de todo el desarraigo. Aquí este frío con sus contradicciones
y purgantes: zumba el asma de los girasoles, la danza de Perséfone
sobre el hielo con candiles de pretencioso alarde.
En todo este tiempo de sueños, los sentidos vaciaron su trascendencia,
diademas de crepúsculos atizaron mis brazos,
cada día fue de descubrir alambradas sobre el cuerpo,
ruidos que ahora han cobrado la dimensión silenciosa de las piedras,
porque después de todo, uno llega a entender que la Esperanza,
no se construye sólo con anhelos, sino escribiendo
con fuerza en la pizarra de la vida, hasta que la ilusión
es total existencia integrada al equipaje.
Ahora sólo queda en mis manos, —más allá de cualquier ejercicio
de aguijones—, refugiarme en este cedazo del silencio,
sin que la boca tirite agradecida.
Nadie más puede ya estremecerme en la hoguera, sino la incesante
Colmena del calendario con el asombro inefable de la memoria:
El frío es ese otro espejo que hace falta en los brazos para desechar
Los pañuelos, el arduo ahogo de los zaguanes…
Barataria, agosto de 2011

4 comentarios:
CELEBRO ENCONTRAR TU BLOG!
Tu escritura es profunda y bella, con peso específico.
La memoria y el tiempo nos obsesiona.
Estamos asociados quizá para acompañarnos con la mutua lectura.
Mi saludo afectuoso desde Buenos Aires(OTRA ISLA)
Gracias, poeta, por tu apreciación; y sí es un feliz encuentro de poesía y lectura.
Un abrazo y mis mejores parabienes,
André Cruchaga
Hola André,
he llegado hasta tu espacio de casualidad y quedé impresionada y emocionada.
Te dejo un abrazo.
Muchas gracias, Beatriz, por tu comentario. Yo también he quedado impresionado con todo ese trabajo invaluable que realizas en tu blog.
Un gusto y un gran abrazo,
André Cruchaga
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