lunes, 1 de agosto de 2011

CALLADO AMOR QUE SE DEVELA EN LA LUZ


Callado amor que se devela en la luz del calendario, en la rama
sensible de los poros donde el firmamento es resquicio de la aurora;
callado amor y sin embargo, huracán madurado en el azúcar.
Callado amor y sin embargo rompeolas del respiro;...





CALLADO AMOR QUE SE DEVELA EN LA LUZ





Hora de ocaso y de discreto beso;
Hora crepuscular y de retiro;…
RUBÉN DARÍO




Callado amor que se devela en la luz del calendario, en la rama
sensible de los poros donde el firmamento es resquicio de la aurora;
callado amor y sin embargo, huracán madurado en el azúcar.
Callado amor y sin embargo rompeolas del respiro;
callado amor, invicto permaneces en la sombra,
realidad siempre verde del hálito en mis días oscuros,
palabra que aun en medio de la zarza vives, ardor de palabra,
unánime, granítica, con la canela embriagada del ansia.
Callado amor nacido del filo de las destilerías,
urgente, con ardimiento, devanado junto al lirio del anhelo:
develas el cuerpo que ya alcanzó el otoño,
vives en la boca del pájaro y el nido, en el incendio de la agonía,
el la claridad del fuego, en el ala del surco incandescente.
Te me entregas en el invierno de las ventanas,
El ojo descubre la gema de la inminencia: el pubis que se encarna
En mi boca como el repentino jardín que moja el aroma;
Callado amor sostenido por sus dos capiteles, por sus dos anclas,
por el zumo que tortura el ardimiento de la bengala,
callado amor conmigo en la antesala del atado de dulce,
callado amor donde el reloj se torna desvarío, sonidos, albercas.
Vivimos así entre el fruto de nuestra propia pólvora,
inconfeso amor, pero derramado en el pájaro del sexo,
en la hoguera oceánica de las manos,
en la lluvia desnuda de la lámpara, liturgia del invierno en la desnudez
del alba, gráciles vaivenes de la brisa, elevado día de la sábana.
Callado amor disparado como una torcaza en el génesis:
hemos olvidado el olvido y labrado la tierra y el barro de las palabras;
estamos aglomerados de pies a cabeza por el tacto,
el mantel restituye al páramo, —vos rojo grito en mí oído,
vos hostia de la campana que aviva el ardimiento,
vos, de pronto, cofre de elásticos guarumos, navío de mi sombra,
henchida por la sal de los puertos.
Callado amor que se devela en el papiro del incienso,
en la flecha que rompe la puerta al vuelo, estación gozosa al filo
de mis propios ensimismamientos. Casi es eco la sed que nos convoca,
casi es heroísmo, los caballos que cruzan y comparten el alivio
de desbordar la piedra del sonambulismo.
Callado amor que borra la memoria de los misales, y arropa
el regocijo antes de develar el musgo redondo de las calles.
En el fondo, siempre estuvimos desvestidos: la miel del césped
nos ha mantenido a la medida del embrujo, imposible faena
después de haber rebasado toda frontera y sentirnos gozosos del pálpito.
Callado amor que embalsama el azul de las campanas,
y trasiega, boca a boca, la travesía de los barcos, el invierno
hondo de caracoles y gaviotas. Callado amor al cabo de la lluvia
Y el fuego; al cabo, claro, de mis propias inclemencias…


Barataria, agosto de 2011

2 comentarios:

Marina Centeno dijo...

Querido André:

Acaso el amor que permanece en el silencio, agazapado, en el mutismo, en la trásfuga del invierno, es aquel que desvaría en su delirio, el que hace la tempestad en una ola. Quiero decir, que es el amor de amores el que no mira atraves de la ventana abierta, sino en el resquicio de la persiana... ese amor -como dices- callado es el que le da libertad a la huída y anhelo al destierro.

Yo sólo afirmo que es el amor -mi amor- el prohibitismo de lo cierto. La guarida que invocan los sucesos que guardo en el papel y en el poema...

Acaso hay amores perfectos.

Me agrada el olor de tu cuaderno, sabe a verano e incienso.


Saludos!

Marina Centeno
Yucaán México

André Cruchaga dijo...

Bueno, querida poeta, eso dice el poema; así salió de las manos del niño, del acuchuyarse en soledad del desmayo, del asombro que para mi sigue siendo un gran árbol donde el trino abriga las palabras.

El contenido del poema termina imponiéndose viajero que acaso, desviste los fantasmas, el surco colmado del arado. Todo sigue siendo poesía: la sombra y la fragancia son infinitas.

Gracias por tu comentario, Marina.

André Cruchaga