lunes 29 de agosto de 2011

AHORA, EL OLVIDO Y LA RENUNCIA


Ahora escribiré mi poema con olvidos y renuncias para callar
los clavos que caen sobre mi pecho como piedra y almádana
en la altanoche de estos dedos irremediablemente agrietados
por este desvivirme en los nombres, pájaro sin pan en la ausencia,
caminar a ciegas como un espectro invisible,...
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AHORA, EL OLVIDO Y LA RENUNCIA




Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,…
SAN JUAN DE LA CRUZ




Ahora escribiré mi poema con olvidos y renuncias para callar
los clavos que caen sobre mi pecho como piedra y almádana
en la altanoche de estos dedos irremediablemente agrietados
por este desvivirme en los nombres, pájaro sin pan en la ausencia,
caminar a ciegas como un espectro invisible,
sabiendo que nadie me espera con la pureza de los pétalos
recién bañados por el cierzo; alrededor de mí se multiplican
las preguntas, la muerte y la vida trasnochadas en el camino,
la piel eriza de las enredaderas; el filo posible de la inminencia
me dice que todo está consumado: ahora voy lento,
lento como una hoja que cae sobre las demás hojas del follaje,
tratando de dibujar el asombro en las paredes del aire;
luego me doy cuenta, también, de la levedad de mis bolsillos,
desabotono los ojos del cansancio, veo ínfimo el agujero
de los párpados, la piel que se me ha ido gastando en tanta claridad,
en aquellos dos terrones de azúcar que nunca me dieron tregua.

Allí aprendí, —tal las palabras de San Juan de la Cruz—
ciencia muy sabrosa; pero así como lluvia,
sabiamente concluye su existencia. Y me digo:
después de lamer cada poro de eternidad, y ser parte fiel
de tanto silencio, que es más digno el olvido y el silencio,
que volver a tocar puertas sin sentido. El escalofrío ha sido
un desparpajo de oscuridades, sin más, aprendo a despertar
sin duplicaciones, aunque un cuerpo y otro cuerpo,
se fundan en la oscuridad de un sólo cuerpo;
jamás he sido partidario de tantas preguntas, jamás doy respuestas
a los recuerdos, a las luciérnagas, a las sombrillas que sospechan
del tiempo, al invierno que saca sus dientes líquidos,
al verano que muerde el cuerpo de páramos,
de sombras sudorosas y labios decadentes y no a las raíces
que sostienen los pilares del día. Jamás he sido carnada
de sumarios ni interrogatorios en la intimidad de tragaluces;
no sirven los amores con un nudo en la garganta,
ni mucho menos andar descalzos al borde del vacío,
ni dejar el cuerpo desnudo sobre el petate de la noche.

Ahora debo ocuparme de sellar el pozo de los pensamientos,
porque debo comenzar a desdibujarme para luego sobrevivir
a tanta polilla en mis poros.
Debo cambiar de casa e indumentaria,
del oficio de morir todos los días, a encontrarme a mí mismo
en el cuaderno del olvido. Así sabré si el infinito es sólido manuscrito,
telar de mi lengua e íntimo catálogo de mi conformidad proscrita.

Barataria, agosto de 2011

2 comentarios:

Leticia dijo...

Tu repuesta a la vida y sus manifestaciones tangibles o arcanas ... es tu poesía mi querido André, ni el silencio supera tu respuesta.

André Cruchaga dijo...

Gracias mi querida Leti, por tu comentario a mi poema. Te mando un abrazo y mis mejores parabienes.

André Cruchaga