Bajo a lo insondable, a los esqueletos en reposo de la ceniza,
sabiendo que la historia está hecha de labios y batallas:
la memoria lo sabe en su brebaje de insomnios; días donde el deseo
baja hasta el olvido. Es indudable que inmóvil la espero,
los pasos de la muerte del animal de carroña,...
Imagen de André Cruchaga
WALK DOWN
Olvidar es una necesidad. La vida es una pizarra, en la que el destino,
para escribir un nuevo episodio, tiene que borrar el anterior.
Obra de tiza y esponja
MACHADO DE ASSIS
Bajo a lo insondable, a los esqueletos en reposo de la ceniza,
sabiendo que la historia está hecha de labios y batallas:
la memoria lo sabe en su brebaje de insomnios; días donde el deseo
baja hasta el olvido. Es indudable que inmóvil la espero,
los pasos de la muerte del animal de carroña,
los amantes del animal asediado por absurdos, el infinito
donde se bebe el hastío en cucharadas; antiguos paredones
de piernas sin aliento, contrito el sigilo en la extravagancia
de la ausencia, lo visible, lo no visible, los riesgos de descubrir
el dormitorio turbio de las sábanas, en la sílaba enterrada del amor ciego.
Bajo. He tocado fondo tantas veces, que todo lo encuentro vacío
y familiar, las aguas hondas del desierto, el ruido de los calcañales
que madura en la noche, la escritura prohibida de la ingravidez,
la transparencia del vestido ceñido en el reflejo, aquel hechizo
en las manos, desnuda la escalera de la agonía, la hora desdicha
de la estructura del pubis, en la melcocha suma del barro.
Soy un tren alado hasta el fondo: en medio de la debacle mortuoria,
me arrimo al ciempiés de la alquimia,
a ese bajar íngrimo de la chatarra enredada en el cuello del bestiario.
El ojo es el dador de las esquinas; sueño con todos los maleficios
que tiene la desnudez, la escritura delirante de la muerte,
el fuego del juego en el extravío de perderse en el mescal de la muerte;
el puñal que subvierte los resplandores, la caricia sorda en lo subterráneo,
los días contados del abismo, cuando el diente mastica la soledad
sin callarlo. Abro la caja negra donde está mi cuerpo:
de una u otra forma, he conspirado absurdamente contra las ventanas;
restituyo a fondo la respiración cuando estoy a punto de lamer
la añoranza, la obediencia transformada en libertad,
el silencio en memoria, la duda en filo de verdad y alabanza.
Más abajo, las palabras escindidas de los muslos a los que tantas veces
trepé con la duración de los ungüentos:
fue algo obsceno la rama de moscas en el abismo de los contrarios,
en el tiempo carnal de la espuma. En el tiempo, simplemente.
También debo pensar en la rotundidad de los coleópteros,
devolverle a los gusanos la Patria del fracaso, las tijeras de poder junto
a otros aperos para cortar cabezas a mansalva. Este infierno es obsesivo;
lo sé ahora que he llegado al trépano de la tristeza con el único aliciente:
el panal del grito, los días religiosos del calendario, la apostasía
como un petardo en las sienes. Es otra manera del espejo en el abismo:
mi mundo, el mundo. Mis hecatombes: el fluir de la conciencia
al servicio de la breña: asesinos comiendo de la opulencia de otros
sueños, atrapados como yo en la inclemencia de la muerte,
junto al espejo negro del cataclismo de los ciegos con su bastón
de furtivo desfile. Bajo. He bajado hasta las heces de la calamidad.
Barataria, junio de 2011

7 comentarios:
Yo lo encuentro rebelde y aciago, tremendamente la desdicha se mofa de su desgracia... es tan simple la tristeza y tan honda cuando la oscuridad empalaga.
Me agradan tus rincones -lo sabes- esos que atestiguan la voluntad de la penumbra, su expansión de gata que se restrega en las pantorrillas de la soledad.... A veces, estiro la mano y te encuentro, pululando entre las mieles de mi propia oscuridad.
Gracias -André-, Poeta, por abrir la puerta de tu espacio y dejar que la mirada penetre tu intimidad.
Besos eternos.
Marina Centeno.
Pues mira, Marina, honor que me haces al caminar por estos senderos subterráneos, cerca del manantial de huesos, distante a ratos de los trajes del día; pese a... me confieso ante los olivos, ante la piscucha que se vuelve sábana en mis sentidos.
Un abrazo agradecido,
André Cruchaga
Sé de tus senderos distantes, de tus tardes oblicuas, de tus ratos de occio entre las hojas... y aún así vuelves, regresas con canastas y nos dejas (a tus lectores) los racimos de uvas y apetitosas manzanas, pese a..... que tu pesar no sea quien arrebate el poema -tu poema - de mis ojos.
Besos agradecidos.
Marina Centeno
A veces, el viaje es entre escombros; pero viaje al fin. Al poeta le toca inventar días, cavernas, reasumir hazañas en el respiro, acompañar el ejercicio de resucitar en las ventanas dispersas del aire. Es un bajar constante a la desnudez de la noche, audaz sonambulismo de lo recóndito.
Un abrazo y mi agradecimiento.
André Cruchaga
Es de resistirse los embates mientras la voluntad sea firme y la paciencia grata. Si no se toca el fondo en la marea desconoce el barco la profundidad. Eres -André- de los que gozan las experiencias sean gratas o no. Y tu resistencia la confirman tus palabras.
Feliz domingo, te dejo un beso y una sonrisa...
Marina Centeno
André , espero no te hayas molestado con mi comentario superficial. Sólo deseo que la poesía no te evuelva en un calvario, como le ha sucedido a muchos poetas que se sumergen en la oscuridad del averno al mirar cotidianamente a la sociedad y su descomposición en todos los aspectos. Un beso con todo mi cariño y admiración.Sé que no vas a subir a tu blog. mis dos comentarios. Gracias.
La poesía, es la poesía, Leticia. Los temas se imponen, según las realidades del poeta. Desde luego, agradezco y respeto tus dos comentarios ,porque son parte esencial de tu percepción como creadoray lectora.
André Cruchaga
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