sábado, 4 de junio de 2011

VACA GORDA DEL BUEN AUGURIO


Hoy quiero obstinarme a la quietud y no a las crisis
de tanta saliva pululando en derredor de los jardines:
ya hemos tenido de sombra vacas flacas en los sueños;
sé que no hay piedad en este mundo globalizado de la espuma,
ni paraísos instantáneos que subviertan los matorrales.
Imagen de André Cruchaga





VACA GORDA DEL BUEN AUGURIO




En el vértigo del espacio, la tierra densa
traspasa la palabra que la nombra.
JOSÉ SARAMAGO




Hoy quiero obstinarme a la quietud y no a las crisis
de tanta saliva pululando en derredor de los jardines:
ya hemos tenido de sombra vacas flacas en los sueños;
sé que no hay piedad en este mundo globalizado de la espuma,
ni paraísos instantáneos que subviertan los matorrales.
Me duele tanta desventura racionalista. Ahora es un laberinto
la economía y el sistema de partidos políticos.
¿Podemos medir la muerte y la libertad juntas, la asfixia,
los condones, los desajustes con la barita mágica de la buena suerte?

Supongo que en el tacto habrá días mejores
y no necesariamente ambigüedades del tamaño del Planeta.
Sin embargo dan miedo las tormentas venideras,
los apóstoles, exégetas, los iluminados que ven la aurora
desde limusinas, los que tienen ojos geométricos
y pupilas de rinoceronte. Siempre he sido optimista
del arrullo; pero despierto, viendo la Torre Eiffel del hambre,
los reinados y ducados del aullido, la fascinación
por los rascacielos del cartón, que supongo no es oficio
de la Santísima Trinidad, sino de la preñez a destiempo,
de pronto es necesario Freud con los espejos superpuestos
de la libido, el yo, el super yo, y cuanto se le ocurrió ver
en el pantano de los sueños. Estoy convencido
de que la transparencia es una decrepitud en nuestras mesas;
nunca ha sido una apuesta sincera,
sino mera mercancía subjetiva, tiliche irreparable del vejamen.

Los ángeles y los arcángeles se quedan mudos:
no tienen cabida en esta marea de gusanos.
Hay mucho que ver todavía, antes de que la felicidad llegue
a la tierra, áurea y libérrima.
Antes moriré frente a la barricada: loco, con la sonrisa a destajo,
vértigos y quizá hasta el olfato aguzado. En manos de quién está
el Paraíso que anhelamos,
bajo qué sábanas se oculta el abismo,
quién hizo circo de la evolución del areópago,
de la loba y el lobo,
del surco y la tinaja, de la troje y la piladera,
del chorrito de agua del nacimiento, quién desató este puño
de tempestades y ahora nos viene con espejitos para el trueque.

Por si acaso debemos andar en los bolsillos un ramito de ruda
y bañarnos tres veces al día con ese amasijo de yerbas;
también un ojo de venado envuelto en franela roja, encender
velas de todos colores, enflorar el Sagrado Corazón de Jesús,
para quitarnos el mal de ojo y quede bien hecha la limpia.

Barataria, junio de 2011

2 comentarios:

Leticia dijo...

Una denuncia irónica y lapidaria contra el sistema que corroe la vida y el progreso de todos, no sólo en el Salvador hermano.
Un abrazo André.

André Cruchaga dijo...

A veces, Lety, como realidades que nos laceran, demeos alzar la voz, desde la poesía, nuestra única arma de respiración.

Un abrazo y muy agradecido por tu comentario.

André Cruchaga