jueves, 16 de junio de 2011

SÓLAMENTE EL OLVIDO


Está aquí el atajo a través del cual, el olvido se acomoda
en los armarios, plumas leves de luz, a veces paja el silencio
en la alacena: camino en la rueda de la saliva; mientras el tiempo
hace lo necesario y aquieta, mientras duermo, el martillar
de la piedra en las sienes. Es demasiado grande la boca de la eternidad...
Imagen de André Cruchaga






SÓLAMENTE EL OLVIDO





Y la verdad
Hacia mi se abalanza, me atropella.
JORGE GUILLÉN




Está aquí el atajo a través del cual, el olvido se acomoda
en los armarios, plumas leves de luz, a veces paja el silencio
en la alacena: camino en la rueda de la saliva; mientras el tiempo
hace lo necesario y aquieta, mientras duermo, el martillar
de la piedra en las sienes. Es demasiado grande la boca de la eternidad
para mantener ilesa la sangre, la carne y la paciencia;
atrás queda la desnudez desandada del mundo, las muertes que prueban
mi silencio, los tapices sin salvas del momento.

No espero partir luego de este tobogán inasible, ni pastar en los pájaros
del hambre, ni jugar a la oscuridad por error: veo la claridad
en el kerosene del candil, en la hipotenusa de los párpados,
en los primeros vestigios de las puertas. Si alguien toca a la puerta,
no estoy para recordar alfileres; aunque sé que el filo de la ausencia
es presencia de algo: enjugo la piel con las aldabas, suelto las aceras
para que camine el mundo, tomo la bruma de la sal de las paredes,
grafitis de aviesa ternura, bolsillos arrancados a la muerte:
empiezo a caminar, liviano, partiendo el agua de las velas,
las extrañas metonimias del asombro. Un día se llena con todos los cascos
del potrero,: en la alforja hay dátiles de luz. El viento aletea
en la ventana poniente. La leche del cierzo asciende a la aurora,
es decir, al pecho mío entumecido. (Al final no sé si el olvido sea
el analgésico prescrito por el reloj del destello, la cuajatinta en el océano
del vaso, esta edad que perdió los pañales en el trance del desierto.
Pido el olvido como un territorio de rescatadas vasijas; no el antro
que coronó de espinas mis sienes, no el beso aterido en la valija de viaje.)

—Sólo quiero el silencio, el pulso derramado, verosímil,
del incienso sobre el alma. De compañía quiero, la gravedad íntima
del búho, el fósforo de las campanas, el encaje sepia de las telarañas.
No es paradoja mi anhelo: quiero volver a caminar entre veredas,
atravesar alambradas y desembocar en el sueño, en el goteo del escalofrío,
en la memoria a veces clandestina del humo.

Cada día que pasa hago votos por la ternura: y aunque sé que la adustez
anticipa los zapatos, debo darle cabida a los terrones de azúcar,
a ese retumbo del primer gallo en el umbral.
Nunca fue fácil la noche turbia de la intemperie, las voces cercenando
el rocío, el regazo de pronto irreconocible; debo caminar días
de porfiadas estatuas y arrebatos: debo consagrarme al vacío
sin espejismos, a la vida retirada del gemido, a la rotación subterránea
de los faroles, inmolar mi propio espejo,
aquietar las aguas del yo, antes múltiples cuchillos.

(El olvido aquí: me palpo en los muelles con un dejo de gaviotas;
y, aunque desembocan ríos, éstos juegan a mi favor para el olvido.
Lo que queda en el costado, ya ha sido duplicado en exceso.)

Barataria, junio de 2011

2 comentarios:

Marina Centeno dijo...

El olvido a veces -André- es accesible, se deja palpar las cicatrices y tambien las heridas. No sé si algún día podría encarar a mis olvidos -André- trazarles una línea divisoria y auscultarles, entonces, habilitaré de nuevo el abecedario y los nombres para colocarles la calca sobre el libro y seguir deambulando entre la soledad. Te dije, a veces suenas tristes, lastimero, y otras, como ésta, hay un dejo de sarcasmo en tus heridas -Poeta-, una ironía valiéndose del tiempo.

Un beso eterno para ti.


Marina Centeno

André Cruchaga dijo...

Así es la poesía, querida poeta, sen hace al andar con todos los olvidos. Sencilla, demoledora como la vida. Tangible unas vecss el abecedario; otras, complicado.

Agradezco, siempre, tu comentario.

André Cruchaga