lunes, 6 de junio de 2011

PESADILLA DEL FUEGO


Del fuego manso, leve, entre brea y brasa, hoy, fuente de pesadillas,
el diario escribir en medio de tantas pesadillas:
debate del agua que espulga los poros, trépanos donde los discursos
son la polilla del día, extravíos de pensamiento sin asilo.
Hemos de soportar, a diario, la cara invertida de las monedas,...
Imagen de André Cruchaga





PESADILLA DEL FUEGO




Sobre las tercas líneas que dibujan un rostro
ha de pasar la mano piadosa de los años
borrando letras, sílabas, palabras sin sentido.
JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN




Del fuego manso, leve, entre brea y brasa, hoy, fuente de pesadillas,
el diario escribir en medio de tantas pesadillas:
debate del agua que espulga los poros, trépanos donde los discursos
son la polilla del día, extravíos de pensamiento sin asilo.
Hemos de soportar, a diario, la cara invertida de las monedas,
la confusión de ecos que no llega a palabra; entre el subterfugio
y el abismo, existe poca diferencia. De vez en cuando disfrazo
mis brazos y la risa: hay días sólo para masticar alacranes,
sorteamos los corredores del sigilo; lo inesperado no, pues ya sabemos
todo cuanto sucede en la esencia que la luz nos desvela.

El lodazal ha sido erigido para el desvarío; todos sabemos ,
conocemos los tapetes y sábanas que el búho abyecto
descuelga desde su rama de olvido.
—El futuro ha perdido la identidad del presente; no hay ojo mordido
por la piedra de la duda, ni lengua de agua sin heces.
Hemos llegado hasta aquí con las córneas volteadas escribiendo epitafios,
sombras ambiguas de una religiosidad asolapada;
hemos disfrazado el caos por el wall Street neoyorkino;
hacemos predicciones bajo la lupa de los zompopos,
pensamos en voz alta bodegas de hecatombe,
tratados de Libre Comercio, infiltraciones de grandes y pequeños abismos,
calles de comercio clandestino donde nadie puede conciliar el sueño.

Hoy existen los consorcios para soterrar la vida,
al menos es lo que leo en los periódicos, en la parálisis siniestra
de las moscas, en el transporte público de los cadáveres.
(Nadie queda ileso. Nadie se salva de la fritanga arruinada de la noche,
de los chorizos con moscardones de Cojutepeque,
de las contradicciones del vómito en los amantes, fábulas,
leyendas, de salvadores de la Patria, estadísticas de precaria tinta,
domésticas legiones de azacuanes.
Me conmueve la plaza en ruinas del orgasmo, sombras oblicuas del semen,
el sexo a deshoras sobre los vertederos:
así palpamos la fatalidad del fuego, benigna en otros jardines.)

Un día seremos pus; no únicamente llaga, llaga y pus en el punto cardinal
de la evidencia. Cuánto duele la fatiga de estar vivo,
junto al ajetreo ponzoñoso de la muerte; el fuego, aquí, convulso al encuentro del cierzo.
El aprendizaje de la brújula es lento: puede tardar círculos, calendario
de muros; sin duda debemos pasar por líneas inéditas, y hasta, quizá
volver a nacer, descartar el epígrafe de las esquinas, ahuecar
las sombras, evadir el péndulo del vaivén, comer en pequeños
fragmentos los monólogos, vaciar el eclipse de los pájaros
dejar la sordera en la ranura de las carretas…

Barataria, junio de 2011