Uno está a salvo cuando se aparta del ciego tobogán de la noche;
cuando a sabiendas del peligro inminente, la lluvia lava
los rincones enmohecidos. —acecha tanto el fastidio, como la soledad
misma de los aleros irremediablemente disfrazados de vacuidades,
de trajes ensortijados y gestos de suicida.
Fotografía de André Cruchaga
TIEMPO PROSCRITO
Even at a standstill we are spinning round and round
We're lost but found
Nowhere is right here
Talk to us long enough and you will be perplexed
Begin and end…
THEATRE OF TRAGEDY
Uno está a salvo cuando se aparta del ciego tobogán de la noche;
cuando a sabiendas del peligro inminente, la lluvia lava
los rincones enmohecidos. —acecha tanto el fastidio, como la soledad
misma de los aleros irremediablemente disfrazados de vacuidades,
de trajes ensortijados y gestos de suicida.
Ya olvidé la arena movediza de ciertos sostenes, hamacas
en desuso, ojos confundidos al pensar en la eternidad, —dicho sea
de paso—, no existe la tan ansiada eternidad: nos muerde el ala
caída del hálito, los deudos, humor negro de los tabancos,
el búho desde el fondo de su propio abismo.
Sin duda, hay cosas más importantes, más crédulas que el espejo;
posiblemente la apariencia es otra oscuridad más del tiempo:
el punto es que alguien llega tarde a las audiencias,
twittea ciertas dimensiones de los muslos, hace alarde de las especias,
hasta que llega al límite de los comejenes.
(Nos damos un baño sauna con el café puzungo* de la noche;
de vez en cuando entreabrimos los recuerdos del alma cruzando
los ojos de la bruma, ardiendo de puro artificio,
masticando flamantes moscardones. A vos y a mí, nos duelen
los caminos, la falta o los muchos recuerdos colgados de las cejas,
el número de identidad en el bolsillo, en el monedero avieso
de la puerta dibujada en el aire. A fin de cuentas, cada uno es lo que es,
sin quitar o poner, sin meter el dedo meñique en la semana,
sin asolapar el talpetate,
la torre de babel de la lluvia, cayendo preferentemente en los ijares,
en el parpadeo de los muelles antes de palparse: nadie queda ileso
después de tantos absurdos, después de tanta sospecha sobre la mesa.)
La virtualidad no deja de ser un mundo siniestro
y falsos escalofríos: lo dice el desparpajo del boom del espantapájaros,
la emboscada de los juramentos,
el paparazzi nocturno de las vidrieras, las agudas persuasiones
de las imágenes, el ensimismamiento duplicado de los senos,
las fanfarria suspendida en el aire. Lo dice el árbol abandonado
en la sospecha, demacrados tules en los dientes,
y ciertas grietas que vuelven decadente el aire y la transparencia.
Hemos desterrado el sano esparcimiento de las palabras y hemos
acogido el hollín, el juego de la doble identidad, —¿Dónde está la piel
verdadera del alfabeto,
la luz que nunca se agota, por mínima que sea, en el horizonte?
—Aquí, el nudo ciego de las sombras, el par de zapatos colgado
del estante, descalzos inmigrantes engendrados por la noche, vacíos
cuerpos donde la muerte incuba nidos abisales.
Nadie diga nada del tiempo: es sólo la transpiración del fuego
Para volverse calcinado olvido. Nadie diga nada del respiro,
Es sólo otra forma, de transpirar lo que se ha roto…
Barataria, mayo de 2011
*Nombre con el que se le conoce a una buena taza de café de maíz tostado en el norte de El Salvador.
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