miércoles, 6 de abril de 2011

Y QUÉ DE ESTA VIEJA HERIDA…


Y qué, después de todo de esta vieja herida, sin memoria la piedad
 anochecida, la suerte del páramo en el destello de los tuétanos,
aquí demasiada herida convertida en estiaje o cárcava, demasiada
sombra como la claridad de los condenados.
Salt Lake City, foto de André Cruchaga




Y QUÉ DE ESTA VIEJA HERIDA…




I'm gonna wait 'till the midnight hour
that's when my love comes tumbling down
i'm gonna wait 'till the midnight hour
when there' no one else around…
WILSON PICKETT




Y qué, después de todo de esta vieja herida, sin memoria la piedad
 anochecida, la suerte del páramo en el destello de los tuétanos,
aquí demasiada herida convertida en estiaje o cárcava, demasiada
sombra como la claridad de los condenados.
Baila la paila del día con clavos y serpientes, malditos alfileres
de la deshora del buitre en la carroña.

Reguero de espadas transitan en las vértebras, bocas sin frescura,
espuma en los desperdicios de cazadores oscuros.
Después de todo, la noche tiene sus balcones gastados:
cabezas de inútil porcelana, después de todo no hay milagros
cuando anoche en las enredaderas,
en la puerta misteriosa de las catacumbas: muerde el invierno
de la ceniza en la alta noche de los gusanos,
en los féretros negros del granizo,
en el reloj hueco de las manos, herida de los meses tras el aleteo.

(Por cierto que nos gastamos todas las palabras, en cada canela
de la noche; mordimos el cáñamo de la muerte,
con el enemigo a la par de los almendros.
Dios en su gloria tenga el otoño de los trenes y el benigno río
de la muerte que nos acecha: salud a esta cosecha de los féretros,
a la emoción marchita de los nidos, al dolor que alumbra
los silencios, a este mañana coja de sus alas.
Y qué cuando la boca rompe las aguas del Erebo, y la muela
cordal deshace el paladar con su queja de parto,
qué del inocente pañuelo amanecido en el cierzo, bajo las Siete
Cabritas, luna creciente de la danza.
Qué del olvido ocre en las pupilas, la corrosión del delirio,
el espacio sin flautas mordiendo el incienso, haciendo carcoma
la claridad de la sonrisa, animados laberintos de las multitudes,
gozosas de la sangre a falta de circo y gladiadores,
ciudadanías atribuladas en los pedacitos de la lengua como el confeti
de las libertades en vitrina.
Cierto es el pan con hongos que mastica la ciénaga, la profundidad
de ciertos espejismos, la cuaresma golpeando las vajillas de la sal,
los libros abiertos de las mareas apócrifas,
el pedazo de sacramento que oscurece las entrañas.
Hay días donde el césped se convierte en escarabajo,
y las ingles una herida de hambre.)

—Al final me queda el consuelo de mis zapatos limpios: el trajín
de los cántaros, trasegando su ventana líquida, el rostro derretido
de las piedras, el desgarrón de las bujías,
y hasta el sonido de los ojales en el paraguas de los hongos.
Antes de que las begonias dejen de amotinarse en el verde,
dejaré el caballo de los ojos y saldré a buscar la matata de la lejanía.

Barataria, abril de 2011

2 comentarios:

LEDESKA dijo...

por fin veo tus zapatos limpios y los ojales dispuestos... bello, bello adorado poeta... deja que tus zapatos rian en los soles tibios y que el paraguas bosteze... besos...


Ledeska

André Cruchaga dijo...

eso haré para que fructifiquen los soles.

Gracias por tu visita