lunes, 4 de abril de 2011

IMPOSTURA DEL VIENTO


En la trastienda de la noche, la impostura del viento, los papeles
 confundidos de las sombras.
Siempre fueron así, aquéllos “años rojos” de la brasa, el tacto
bordado de párpados, incluso, la claridad de la aurora, la piel
desliada de la oscuridad, las escaleras desvestidas de jinetes.




IMPOSTURA DEL VIENTO




…fugitiva tristeza que va y viene
de la sombra a la puerta de mi casa.
LUIS GARCÍA MONTERO




En la trastienda de la noche, la impostura del viento, los papeles
 confundidos de las sombras.
Siempre fueron así, aquéllos “años rojos” de la brasa, el tacto
bordado de párpados, incluso, la claridad de la aurora, la piel
desliada de la oscuridad, las escaleras desvestidas de jinetes.

El tiempo siempre cobra la cosecha de los andamios:
muerden las agujas, desvirtúa a la pupila el pólipo del calendario
en medio de manteles carcomidos por la polilla;
nunca existió la alegría necesaria para llenar alacenas,
mostrar ilesas las caricias,
cosechar el día blanco de pinos, siempre cojos en el discernimiento
del mantel, siempre las mismas fotografías sepia del horizonte:
nada es verdad, después de todo, —segados los abanicos del tanteo,
el yugo encorvado en la tormenta, la aurora rota en el incendio
de los jardines, las mochetas corroídas por el tiempo.

Todo ha sido una impostura: la espuma que roza las venas,
la sal que respiramos con antifaces, la campana del molino de viento
y el rasguño, la artillería del índigo en los poros.
Fue impostura el vejamen sobre el aparejo, los días salidos
de la juventud, desclavados de las alacenas, lejos ahora del invierno;
impostura fue el cuerpo respirado en los orgasmos,
la luz de jinetes en cada casco avizorada, los relámpagos con crayolas
de colores, el palo de amate de la sombra,
el sopor del estío en las manos.

Impostura el guarumo en la farmacopea del esmalte: la noticia negra
del periódico, los días contados antes de lanzarnos al vacío.
Impostura el cáñamo de la luz en la penumbra, el País hacia
la respiración, la compasión con un catecismo en las manos, invocando
el cierzo, con luna grande y matorral,
sexos enardecidos por el alquitrán del candil, por la brújula
de los gallos cuando apenas la ráfaga es oscura.
Impostura el tragaluz como luz plena: el karma incinerado,
aquella primavera que despojamos de su edad benigna, el cisne
del pezón con su terciopelo rosado, el viento con sus encajes bordados
de glorietas, aquél vivir la desnudez sobre los adoquines
de la constelación mayor de los manglares.

Todo fue impostura: gastamos los años abriendo baúles, desertando
cada vez de la sombra de los fusiles, del párpado negro de la pólvora,
del breñal y el charco, del combate de las tijeras,
del guiño del despeñadero, de los peces secos del cordaje, sin aguas
ciertas para la música: siempre el azote del insomnio,
como la aspirina necesaria todos los días para evitar una taquicardia.
Todo fue impostura. Atardecido disfraz de los jazmines.
Todo fue impostura: nada queda de verdad en aquellos peces
Dibujados en pergaminos azules…

Barataria, abril de 2011