sábado, 9 de abril de 2011

CHARCO DE LA LUZ EN EL ROSTRO


Toda oscuridad ofende cuando exhala silencios, cuando los jardines
atardecen en la noche, conjuradas piras de rostros torturados:
toda luz es necesaria, aun aquélla que pasó a ser escombro.
Todo clavo es un diálogo entre la herrumbre, realidad, a menudo
conspirativa, borrosa posibilidad del soplo,...




CHARCO DE LA LUZ EN EL ROSTRO




I'm all right by the way
Everyone saves the day
Sometimes i feel it…
VERTICAL HORIZON




Toda oscuridad ofende cuando exhala silencios, cuando los jardines
atardecen en la noche, conjuradas piras de rostros torturados:
toda luz es necesaria, aun aquélla que pasó a ser escombro.
Todo clavo es un diálogo entre la herrumbre, realidad, a menudo
conspirativa, borrosa posibilidad del soplo,
toda vara también mide las piedras de la asfixia,
la orina honda del musgo, el arado crecido en el pecho,
toda luz es posterior a la noche y a los sueños:
sólo es posible cuando derrite los circos en la conciencia,
cuando la náusea tortura la saliva.

Camino. Caminamos entre apretadas pesadillas atrapadas en el cuello,
todo el teatro de estos días me vuelve a la caverna,
todo el trapecio de los ojos es demasiada hamaca para mecer
la luz en las pupilas, charco de luz, astilla redonda
en la extraviada marioneta de las funerarias: —uno nunca sabe
los finales aunque los intuya;
hay carencias mayores a las sábanas, implacables rostros
moribundos en derredor de los cadáveres. Hay paredes sin sombreros.

Días de acechanzas, tumultos de maniquíes balanceando
su alma, huesos del tamaño de la risa,
palabras que adulan la botella de mar vacía en el entrecejo,
vigilias nuestras como el contraste del semen,
emasculadas guitarras donde escupe lo putrefacto, la saliva
que desciende de los brazos de la alegoría.
De pronto, allí, en la oscuridad, se hace visible la luz: el cadáver
del sexo aflora en el asco,
el tenue sarcasmo de los sueños, la ironía del café negro en la cópula,
la condición de feto de los adjetivos,
el acompañamiento huidizo de los adverbios,
la conversación en la lengua de las telarañas que, de pronto,
es sólo el sonido cascos vertiginosos, la habitación impura
de la lengua, la catedral sin garantas ni antorchas.

Toda la luz, ahora, después de la oscuridad: a menudo el tizne
golpea en la cara; muerde el cuaderno, los calcañales,
borra el paraguas del búho, decanta la desnudez hasta el límite
de las ostras, hasta arrodillar la boca magullada,
en la cara de la pesadumbre.
Toda luz es llave para los ojos, arranca demonios y espinas;
toda luz corta el hilo de la infamia, hace visible el aire raro del destino,
el universo de espejos y crucifijos,
esta suerte de sacudirle el polvo a la locura…

Barataria, abril de 2011