martes, 5 de abril de 2011

AMANECE CON SAL LA RESPIRACIÓN DEL VUELO


Llega la claridad y el asombro junto a la lluvia: los días abiertos
al mar, las manos del oleaje de la espuma, el encaje del ahogo
como respiración pura;
me espera el vértigo de los columpios, la hamaca de los labios
en el tórax, ahora música cimbrada en el oído, cuerpo mayor
del silencio en el asedio, maduro el trasluz de los embudos,...
SALT LAKE CITY, FOTO DE LAZARO AGUIRRE 



AMANECE CON SAL LA RESPIRACIÓN DEL VUELO




I would fly away from this town,
…I’d swear I would never come back.
SCRAPPER BLACKWELL,
(interpretada por Eric Clapton)




Llega la claridad y el asombro junto a la lluvia: los días abiertos
al mar, las manos del oleaje de la espuma, el encaje del ahogo
como respiración pura;
me espera el vértigo de los columpios, la hamaca de los labios
en el tórax, ahora música cimbrada en el oído, cuerpo mayor
del silencio en el asedio, maduro el trasluz de los embudos, el pulso
unánime, la llave en la cerradura,
la respiración a cuestas del humo, descubierto el oficio del picapedrero,
la sal pulida de la herida, el destino del trastorno descubierto,
pinares, escombros, quizá después la calma en la yema de los dedos.
Quizá toda la marea en el ápice de los rieles,
el silencio entrando a la quietud de la piedra,
la levadura del amanecer en los pájaros, la madera blanca
de los ángeles, y la respiración en la certidumbre de la puerta.

(Y después de ahora, el heavy metal, el insomnio rasgado de las hélices,
Góngora en la noche de los tizones,
Bécquer de los olvidos, el natalicio de Gabriel Celaya,
el gemido en los crespones rocosos de los acantilados,
alambique del latido en la uña rapaz del sol de mediodía.
Entre la materia y los sueños, prevalece el ansia; entre la sal y el azúcar
la respiración del vuelo,
la suavidad de los enjuagues,
el baño maría desnudo de los sueños, el insomnio a quemarropa
de los pinceles, la racha de Coleridge, el Mont Blanc de Shelley,
en ánfora de la melancolía de keats,
Hegel redivivo en el ala crecida del calendario.
Después de todo, maestros de la creencia: Heidegger, Jaspers, Jean-Paul Sartre,
don Miguel de Unamuno, Simone de Beauvoir y Camus.)

Espero que la noche no marchite los deslumbramientos,
ni haga del bajío, un subterráneo.
Sólo quiero el agua para lavar las especias: los condimentos y la verdura,
los pies estremecidos, los dedos de la noche enguantados,
el barniz del engrudo,
el ojo de pronto nublado, el pañuelo con pespuntes de saliva,
quizá hasta la escalera invisible donde se consuma la respiración.

Debo ahora esconder los zapatos, enfriar la armazón hirviente,
del musgo, pulir la luz cegada en los poros,
hacer un alto sin regresar a la sartén de la tormenta:
cada vuelo tiene su propia fecundad y ondea según los vientos Alisios
del ombligo, —según los pulmones del adobe de las estaciones,
desvelados en el pergamino de la piel.

Barataria, abril de 2011