miércoles, 23 de febrero de 2011

MURO DEL ENTRECEJO


En la frente, los malogrados surcos de la esfera, el vértice desviado
de lo inexorable, las ficciones a menudo cerca de la ternura.
Me toca caminar entre urgentes razones y negaciones:
andar el camino con el paraguas de las palabras, mundo adentro
la sal sudada de los pensamientos,
MAGNUS-ROSENDAHL


MURO DEL ENTRECEJO




Nadie podría interrumpir el reposo de la bóveda terrestre
Aquí el silencio ha juntado sus labios para nunca pronunciar palabra
Que pudiera profanar la ostensible flor que cae
Como un junco en la ribera de los sueños.
TEÓFILO CID




En la frente, los malogrados surcos de la esfera, el vértice desviado
de lo inexorable, las ficciones a menudo cerca de la ternura.
Me toca caminar entre urgentes razones y negaciones:
andar el camino con el paraguas de las palabras, mundo adentro
la sal sudada de los pensamientos,
cavar en los rieles de los trenes, ahogar a veces la piedra
entumecida en el pecho, apretar la sombra de la desesperanza
sin pasar al siguiente plato de la mesa, vacía de manteles
y cierta de ausencias;
cuelgo los días en la pared del calendario,
por si la sed me vuelve olvidadizo, sombra, juego de confusiones
y de hambre: a mitad del entrecejo, la carcajada del sudor,
las costuras del desfiladero, el traje del cortejo
arrugado de grises y sombras de razones ya gastadas por el filo
del vértigo. Todo me vuelve oscuro y adusto como el aserrín
condensado de las puertas cerradas, como la desnudez calcinada
de las cáscaras en los abrojos;
nadie me ve cuando grito junto al agua de la muerte que va en el poema.
Sobrevivo a las mareas. Rechazo ser ciervo o dardo.
Rechazo ser siervo en el violento filo de la ceniza: prefiero escribir
epitafios y deshacer los nudos del disfraz;
—las distorsiones son deseos malogrados, heridas empaquetadas
en secretas telarañas, miserias del remedo.
En la oscuridad cuesta subir las escaleras del futuro: resultan
grotescos los relojes
en el cuarto de la paciencia, en la incandescencia de la garganta,
a menudo decadente en el charco del abucheo.
El silencio no es suficiente para bracear entre la salmuera: afuera
hay depredadores más siniestros que los roedores,
que los felinos adheridos a los dientes. Convengo en sacudirme
el polvo todos los días, quitar el moho de las cerraduras,
usar cinta adhesiva en el cielo falso de las imprecaciones, fingir
que sueño con ventanas,
con cuerpos de canela o begonias o alelíes,
encender el fósforo para ver la concavidad de tantas revelaciones,
masticar el gusano de los sonidos poco gratos al oído,
sostener el alambique de la respiración hasta que la saliva encuentra
su cauce, amar mi propio silencio
abajo del dintel de los ojos, en el bajorrelieve de la dentadura.
Y por si fuera poco, estremecer el escalofrío, hurtarle a las arterias
El río giratorio de lo humano. Lo demás es sombra y grito.
Es abandono en la sombra del tiempo…

Barataria, 20.II.2011

3 comentarios:

LEDESKA dijo...

Distraida esperando el viento recoger aves para plantar versos he llegado a otro de tus rincones me siento privilegiada de todo esto...


abrazos
Ledeska

André Cruchaga dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
André Cruchaga dijo...

Sigue abrebando, poeta, ahora en este cuaderno insepulto, donde también se respiran aguas infinitas.

Un abrazo,

André Cruchaga