viernes 25 de febrero de 2011

METÁFORA


En la boca, la luz ardiendo de amanecer, la mirada eclipsada
de los latidos, —nazco en la raíz alada del pájaro, en el sonido
rutilante de las maromas: tierra adentro, déjame el aliento
de las cosas sencillas: el cuerpo total de los nombres, el silabario
de los poros, el tronco del ombligo para mis pupilas,
las manos alargadas de la memoria para sumergir en el espejo
el cielo refractado del fuego...



METÁFORA




Have you ever seen the morning
When the sun comes up the shore
And the silence makes
A beautiful sound…
SCORPIONS




En la boca, la luz ardiendo de amanecer, la mirada eclipsada
de los latidos, —nazco en la raíz alada del pájaro, en el sonido
rutilante de las maromas: tierra adentro, déjame el aliento
de las cosas sencillas: el cuerpo total de los nombres, el silabario
de los poros, el tronco del ombligo para mis pupilas,
las manos alargadas de la memoria para sumergir en el espejo
el cielo refractado del fuego.
—A través de la altura, salta la hondonada del mundo:
el lecho donde las palabras abren los caminos,
el cristal de la madrugada en los gallos,
los candiles alborotados del oriente, sol casi ciego en el ojo de la niebla,
sangre dibujada en los grifos, trozos de sudor borrando
las banderas de esta locura en trozos de dientes.
Tengo viajes aplazados, serpientes enroscadas en los pañuelos;
aves golpeando el asombro,
aguas con cicatrices espectrales: el sudor calcinado en las paredes,
escamas, agonías, superiores a la alegría: —a cada instante
retorno a la frontera de las piedras
con el ojo que ha superado las ventanas, las puertas del moho,
los candados inesperados del sabor. Vuelven siempre, verticales,
los pensamientos, alfileres, puñales, (armas blancas para armar
el caos, igual que ciertos estadistas, probablemente sin alas);
en la madrugada lleno el vagón de mis andanzas con versos:
versos donde todo es igual a las semillas de la noche;
versos donde sudan las bocacalles del desmayo,
el jadeo del sexo como una campana, las aguas de la fragua,
incandescencias ciertas en cada consonante, en los encabalgamientos
del duro lápiz de la hoguera.
Siempre es buena suerte envolver las soledades con guijarros:
masticar los espejos lapidados, hervir la señal de la cruz en guacales
de aluminio, sentir la obscenidad en la lengua sedienta
del musgo, en la canela titubeante del paraíso.
Un día beberemos la horchata desnuda en nuestras manos:
esa ternura tetelque del frío,
la puerta de la rima consonante con sus hemistiquios,
las aliteraciones prometidas, como aquel verso de Garcilaso de la Vega:
"en el silencio sólo se escuchaba / el susurro de las abejas que sonaban”
o la “infamia de las aves nocturnas,
los corales entrelazados en el vallado de la piel, en el amate
fecundo de tu vientre: íntima tierra arrancada a mi alma.

Barataria, 24.II.2011