domingo, 6 de febrero de 2011

HOY, FRÁGIL REGAZO


Lo magnánimo, ahora, tiene la fatiga de los yermos y el frío secular
de la espuma; el cáñamo roto del lenguaje, la perversión del estruendo,
cóncavas voces donde sólo lo fatuo tiene sentido
y no el color testamentario del azúcar,
y no el sendero hondo del bosque con su fragancia de cierzo.



HOY, FRÁGIL REGAZO




…hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
PEDRO SALINAS




Lo magnánimo, ahora, tiene la fatiga de los yermos y el frío secular
de la espuma; el cáñamo roto del lenguaje, la perversión del estruendo,
cóncavas voces donde sólo lo fatuo tiene sentido
y no el color testamentario del azúcar,
y no el sendero hondo del bosque con su fragancia de cierzo.
El laberinto de las losas consumió todos los anhelos, —cortinas
de cansancio tapan las ventanas,
el dedo de los aleros muerde las pupilas
con ese aire de sombras purulentas.
Hoy, concluyó la fascinación del pulso: la página ilesa por el frío,
la respiración diáfana,
por establos de hollín, por ojos que ven sólo de soslayo.
Nunca sabré, sin duda, cuándo mueren los alelíes y las begonias,
los altares de ardor dedicados al calendario,
los días invisibles que nunca tuvieron nombre,
los estribos de los rascacielos con sus pies engañosos;
hoy es frágil el alma, como la res que va al matadero: (vemos caer,
incluso, el Ítaca de los recuerdos,
el saqueo del aliento,
hasta quedar ensanchados en el frío: en esa horrible certidumbre
de la ropa mojada. Sucede que impera el oscuro entresueño,
los opuestos afilados de la felpa, el aguarrás puro de la tos,
los cambios aleatorios de la piedad,
la mano despiadada de las baldosas y el granito.)
Antes, hubo Esperanza en el comal de los girasoles y no en el matorral;
antes, en el aire respirábamos el arco iris,
y no la piel a secas del escondrijo, no el bajo volumen de la alegría,
no la avidez sospechosa de los arrayanes, la sal en irreales balanzas,
la ficción en cucharadas de fantasmas,
en firmamento en obleas de analgésicos, la desnudez en expectorantes
de bacalao, hojas de eucalipto masticadas,
hasta anular la peculiaridad de los dientes.
Antes, el amor era posible desde los balcones, no se necesitaban
retretes de dudosa procedencia, ni lecciones de urbanismo sobre
las hojarasca, ni espléndido letreros con obstinadas caricaturas;
ahora, las aguas de la penumbra
acompañan la travesía de las calles, la luz de la risa y los espejos;
y, aunque la calle nos desafía, alargamos la mirada al universo.
(Ya ha pasado el mayor aguacero del desapego: transcurrimos,
sin doblar la rodilla de las páginas, conscientes de trenes y pañuelos,
—ya no es necesaria avivar el fuego con el sombrero del aliento—,
Ni morder las mochetas del ansia,
ni arrimar las aldabas a las manos, ni subir la escalera del olfato:
todo llega a la estación del sedimento: días mejores o peores,
días, en fin, donde sin antesalas despertamos…)

Barataria, 02.II.2011

2 comentarios:

Marina Centeno dijo...

Nunca sabré, sin duda, cuándo mueren los alelíes y las begonias,
los altares de ardor dedicados al calendario




Donde vamos -André-
hay un sitio para cada uno
sin túmulto ni prisas
una luciérnaga para cada herida
y un vaso de sal para el café
del mediodía.

Pero hoy
podemos prevenirnos del ocaso
en diluidas gotas de premura
hacia la eternidad de los teatros
impuestos en el océano
de las dudas

Por eso
tengo en el pecho las liturgias
dispersas en las poesías
que mastican tu voz
hasta el cansancio

entonces
te espero paciente
con el salvavidas
braceando
en mi cintura

Marina Centeno
Yucatán México

André Cruchaga dijo...

Gracias, amiga poeta, por esta replica hermosa de tu estro poetico. Vamos, pues, al tafetan de las luciernagas empapados de inviernos
Abrazos,

ANDRE CRUCHAGA