martes, 8 de febrero de 2011

HOSTILIDADES


Al pie del escondrijo, los vacíos consumados de las puertas,
las espigas rotas del aire, el sabor de las hostilidades como río
crecido a golpe de párpados.
Nos baña el trajinar diario de los zapatos con sus símbolos,...
Fotografía: Jon Sullivan



HOSTILIDADES




i wanna drown drown under the water
going down down under the sea.
SEX PISTOLS




Al pie del escondrijo, los vacíos consumados de las puertas,
las espigas rotas del aire, el sabor de las hostilidades como río
crecido a golpe de párpados.
Nos baña el trajinar diario de los zapatos con sus símbolos,
—en el espasmo de las aguas se hunden las campanas, las aristas
de las uñas, los diques de la memoria con sus penitenciarias
azotadas por el alfabeto de los estiajes;
nos hemos acostumbrado a caminar entre motines de espuma:
a menudo es la claridad diaria del crepúsculo,
con todos sus botines y suturas,
con el aguacero de las abejas, mejillas insípidas del césped,
albergues para los cangrejos de las rocas, astros cercenados
en la piratería de las conflagraciones;
(sos y yo nos hemos embriagado con los sudores de la Patria:
en la posta, los portales, en el viejo juego de los sombreros de mimbre,
en cada grieta, ahora en desuso,
en los triciclos verdes de las ramas de jiote,
en los pedazos de servilletas de las nubes,
en la sábana desvelada de los verdugos que no cesan en su oficio;
nos hundimos en el espejo rasurado del yo: braceamos entre
memorables excrementos, aprendizajes triturados en las paredes,
pizarras de sórdidas lecciones
donde nos dan a beber la carcoma del brebaje.
Despertamos en los folios hundidos de la mutilación: así de simple,
por más que pongamos en orden o en activación las llaves
del orgasmo. La cama dejó de ser un paraíso celeste, sobre todo
cuando la respiración se llena de relojes.)
—Hay días que no son tan rápidos como los e-mails: en este miedo,
uno tiene prisa cuando el gallo canta en la almohada
uno quisiera, de pronto, controlar las llaves del eco,
El manojo de césped sin disfraces,
saciar el hambre del tigre en los pezones,
subir a la terraza de las devociones, hacer terrorismo en los poros
hasta afeitar el cochebomba de las poluciones.
Junto al País nos hundimos en medio de tantas hostilidades:
elevamos la violencia a santuario; bajamos hasta el sótano
donde los ideólogos, rezan el Padre Nuestro e inventan rascacielos
sexuales, modismos, dogmas, laberintos publicitarios.
Ante tanto numen, uno no sabe el destino de este País:
es probable, que vos y yo, sigamos consumiendo cifras macroeconómicas,
minutos de luciérnagas,
y hasta ese vecindario de tijeras de la historia…

Barataria, 05.II.2011