Piedra este andar sobre la piedra. Piedras, el tintineo en las cloacas.
Piedra el bozal y el cabestro, la convulsión del desgano,
los universos pálidos en los labios, este nuevo tiempo de pesadumbres,
la preñez rutilante del beso desoído, cansadas aguas del confín.
Siempre los ojos en la oscura manteca de los semovivientes;
el mouse sobre la mesa como un candil,
el pensamiento soportando las multiplicadas carnicerías
del mercado de pulgas, la claridad virtual de los murciélagos,
en medio de botones atascados de alambradas, puertas como cofres
sellados, ventanas de mimbre donde gotea
el vaso ciego del poema.
Nos morimos desahuciados en los osarios: la desnudez en triciclos
resulta para los ojos una experiencia clandestina;
de hecho el espejo copia los muslos azules en los pedales:
mientras los verdugos sueñan con cuchillos, escopetas hechizas,
armas de uso militar y alas cercenadas.
(—Sin duda nosotros hacemos la diferencia: aunque la piedra
nos rompa los cartílagos,
y la mutilación jurídica sea también apabullante,
nos es posible la transparencia de la saliva en la lengua, sin más
olores que la levadura y la harina húmeda de las panaderías;
el reloj nos quita las llaves: la silla de nuestra hora es profética,
nos aprisiona la luna del fuego,
el brazo del litoral del azúcar, la sal dulce en los encajes,
el hermoso jadeo de los ojos cuando caen la hojarasca: bosque,
tierra, posesa en las manos; aguas despeñadas en los cuerpos.
Nosotros sobrevivimos a tanta boca derramada en los predios baldíos;
y aunque nos rehusamos a las zonas donde habita el suicida,
debemos seguir caminando entre tanta vena rota.
Nunca nos fue fácil sentarnos para descansar: siempre la puerta
cerrada o el ojo descuajado frente a nosotros, junto a los zapatos.
Esta zozobra nos ha hecho sudar espinas,
morder la soledad de los caídos, nuestra propia soledad de pasos,
el polvo pedestre de la ironías,
la boca invocando palabras bienhechoras: por eso llevamos
vilanos marchitos como púas en la garganta, graneros vacíos
de asombro, oscuros dientes de herrumbre.
Con todo lo que duele la esperanza, te pienso salpicada de esperma,
tendida sobre la sábana del deseo;
con todo te oigo en las ventanas y en la hora doméstica de la comida.
Así de simple como dos seres terrestres.)
Barataria, 30.XII.2010





















