Hoy es el día simple de la espuma.
Nuestra garganta multiplica en la herida las avispas.
En esencia, es también así la brisa. El planeta de sombras donde
Habitamos, la sobremesa de la hojarasca en la digestión.
Nuestra garganta multiplica en la herida las avispas.
En esencia, es también así la brisa. El planeta de sombras donde
Habitamos, la sobremesa de la hojarasca en la digestión.
Ilustración: Gustave Courbet

OFRECIMIENTO
Entré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
Cogí el volumen más a mano y lo hojeé al azar,
Temblando al leer raras palabras que parecían guardar
Algún secreto, monstruoso para quien lo descubriera.
HOWARD PHILLPS LOVECRAFT
…camino breve, y único horizonte de carne;
HOWARD PHILLPS LOVECRAFT
…camino breve, y único horizonte de carne;
que la vida no vaya más allá... ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!...
DULCE MARÍA LOYNAZ
DULCE MARÍA LOYNAZ
Un día ofreceremos el aire y no la entraña desgarrada ni el sollozo.
Después de todo, nada hemos ganado con la caducidad
De la alegría, salvo la modorra, el escombro y el letargo de los cirios.
Todo es hostil mientras el vuelo traspasa los mediodías.
En las mejillas ya no cabe la humedad de la salmuera, ni el musgo
Con su forma de galope.
Hoy es el día simple de la espuma.
Nuestra garganta multiplica en la herida las avispas.
En esencia, es también así la brisa. El planeta de sombras donde
Habitamos, la sobremesa de la hojarasca en la digestión.
¿Quién puede más que la espina dorsal devastada en la angustia?
Nos hundimos en la costilla rota de la noche. Estupefacto de humo.
Ya nada puedo con mis palabras que perdieron su estrella.
Hoy escapa el adviento de nuestras muecas.
Ya no puedo regocijarme en esta película de dolor siniestro,
Ni borrar los colmillos de serpiente.
Los adoquines de las sienes golpean las palabras.
—[“Mi ojo asciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos palabras oscuras,
nos amamos como se aman amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en los cuencos,
como el mar en el rayo sangriento de la luna.”]
Un día vivificamos las palabras en la obsidiana de las orquídeas.
Y las ofrecí como jarra derramada. Como limonero esclarecido.
Planté la Esperanza al otro lado de las epidemias.
Pero “Matamos lo que amamos”. Olvidamos los hilos de la paciencia.
Perdimos las sandalias en todas las aguas del calendario.
Más de esta noche desollada de los poros, ¿qué puedo ofrecerte?
Más allá de este muro de grises en el alma, qué colores pueden
Arroparte y qué ardimiento puede haber en el suspiro?
—ciénaga de viscoso parpadeo. Uñas rasgando los sueños.
Cipreses de miedo. Afiladas piedras en el umbral del alba.
—[“En las horas vacías, por el día,
Un día vivificamos las palabras en la obsidiana de las orquídeas.
Y las ofrecí como jarra derramada. Como limonero esclarecido.
Planté la Esperanza al otro lado de las epidemias.
Pero “Matamos lo que amamos”. Olvidamos los hilos de la paciencia.
Perdimos las sandalias en todas las aguas del calendario.
Más de esta noche desollada de los poros, ¿qué puedo ofrecerte?
Más allá de este muro de grises en el alma, qué colores pueden
Arroparte y qué ardimiento puede haber en el suspiro?
—ciénaga de viscoso parpadeo. Uñas rasgando los sueños.
Cipreses de miedo. Afiladas piedras en el umbral del alba.
—[“En las horas vacías, por el día,
a veces te ofrecías como un premio
fugaz, pasabas un instante
rozándome, en medio del silencio cargado del estudio,
como un soplo de aire que se dibuja sobre el agua
quieta,”]
Se acabó la vendimia del invierno y los balcones. La hoguera del sexo.
Puedo ofrecerte, sin embargo, esta sábana de vigilias eternas.
La pira fatigada de los muelles. El paraguas indemne de mis brazos,
Aunque el nicho sea marchito aposento.
Puedo ofrecerte la tilde de mis párpados para las palabras agudas.
Las fechas cuando se embriagaron los relámpagos,
En fuego de las paradojas en un vaso de supersticiones,
Este traje perdurable de hollín,
Y este mobiliario lóbrego de mis pesadillas…
Barataria, 19.II.2010
Se acabó la vendimia del invierno y los balcones. La hoguera del sexo.
Puedo ofrecerte, sin embargo, esta sábana de vigilias eternas.
La pira fatigada de los muelles. El paraguas indemne de mis brazos,
Aunque el nicho sea marchito aposento.
Puedo ofrecerte la tilde de mis párpados para las palabras agudas.
Las fechas cuando se embriagaron los relámpagos,
En fuego de las paradojas en un vaso de supersticiones,
Este traje perdurable de hollín,
Y este mobiliario lóbrego de mis pesadillas…
Barataria, 19.II.2010

























