Fotografía André Cruchaga

WEST VALLEY CITY
¡En mi hambrienta fatiga, y para comprar imágenes,
entré en el supermercado de frutas, soñando con tus enumeraciones!
¡Qué duraznos y qué penumbras!
ALLEN GINSBERG
Aprieto tu cuerpo como la luz del firmamento. Una y otra vez en la esfera de lo abisal, de norte a sur en la boca del sol, hasta que ladre el último lucero o estrella lejana en el reloj del bosque. Caen las hojas muertas de frío sobre las aceras de condominios y centros comerciales. De pronto me gustaría tener un libro para ver los colores en el instante en que el viento abre mis párpados. Deletreo la bóveda blanca donde se esconden las ardillas: deslío la claridad con la metafísica del café, así desafío la escalera del frío que sube hasta las sienes. La nieve no deja de ser un cuadro obsceno frente al tráfico y pese al placer que me causa, no dejo de pensar en quienes la aborrecen. No dejo de ser un ciervo asustado, el The dark stag de Isabella Crawford; el cielo es oscuro entre los pinos, opero también las espigas de plata que cuelgan de los techos. O, aquel otro de la misma poeta: The Camp of Souls, donde dice que “Llegan las plumas sombrías de las Hojas que Cantan” , hasta perderse en el aliento.
West Valley City, UTAH, diciembre de 2010
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