viernes, 17 de diciembre de 2010

WEST JORDAN

Todo parece armonía en South Valley, Best Buy, Kohl's,
Lowe's, Ross, Sam's Club, Sears Grand y Target, —cada día ha sido
Un periódico inétido para escribir los sueños.
(Alguien podrá decir que son sonambulismos del consumo,
Demonios del capitalismo),

Salt Lake Valley






WEST JORDAN




Huésped es el que ha de partir, al alba.
FINA GARCÍA MARRUZ




Todo parece armonía en South Valley, Best Buy, Kohl's,
Lowe's, Ross, Sam's Club, Sears Grand y Target, —cada día ha sido
Un periódico inétido para escribir los sueños.
(Alguien podrá decir que son sonambulismos del consumo,
Demonios del capitalismo),
Pero sucede que soy viajero de búfalos sin fatiga: irremediable
Ráfaga de pergaminos y poeta de extrañezas.
Así que mi sosiego está en la piel erizada de las palabras,
En el granizo y en el iceberg; en la ebullición de las aceras.
De pronto me recuesto en la almohada de la aurora. La linterna
Del susurro reconstruye la memoria,
En la rueda inconclusa del sol, en el día nocturno del cielo.
Al cruzar la calle, debo hundir mis zapatos en los promontorios
De nieve, en ese blanco espeso de gaviotas.
Aquí dejaría crecer mi barba hasta las rodillas para soportar
El frío sin derramar de escribir en mi cuaderno de notas.
El agua forma paredes donde no se bañan los patos ni las colillas
Quedan a merced en las aceras. Esta parte de la ciudad, parece
Un musgo blanco en mis ojos.
He visto animales gélidos caminando por las calles
Y ancianos tomando café negro quemados por sábanas mudas.
Pongo mis ojos sobre los cuervos: merodean los establos y hormigas,
Devoran la orina de la luna,
Punzan con el abanico de sus alas negras, en contraste con los árboles
Dentados de blanco. De pronto en la distancia un ciervo,
Late en los armarios blancos de los cañones.
De pronto tiritan los dientes frente a tanta iglesia elevándose
Hasta el cielo de los mormones, con mestizaje y sincretismo.
Allá el día roto por las fábulas. El día sin anatomías ciertas.
El día sin hojas y los perros lamiendo los guantes de la nieve.
Sólo en las chimeneas se quedan los pañuelos. Vacila la sonrisa
Frente a los párpados helados, —frente a la saliva patinando
En la lengua. Quedan intactos los predios baldíos de la yerba,
Y la danza de las cucharas dentro del vaso hirviente de café.
Mientras las ardillas huyen a través del filo de las ramas sin hojas,
Los semáforos llenan de luces la fila de carros.
A nadie le es extraña esta penumbra cotidiana. A nadie le importa
Que las muchachas empañen sus senos con este enharinado
Paisaje. A nadie le importa la luna subterránea colgada de la ventana.
A nadie le importa entrar y salir de los inodoros,
Y masticar el insomnio sin quitarse los guantes y el alfabeto
En gotas de frío. A nadie le importa ya, cruzar el sueño en góndolas
Y comer abrigados de pies a cabeza.

West Jordan, Utah, diciembre de 2010