MANÍA DE JUGAR CON LAS PALABRAS
Yo soy el médium de estos arrebatos
y está mi sueño de anillos colmados.
JOSEP PALAU I FABRE
De nuevo en estas aguas del fuego como la luz del pálpito.
Médium creciendo en la duda: —esta manía de embestir la esperanza
jugando a las palabras, tocando el suelo hondo de los besos,
mordiendo los trompos de la noche, denudando los ojos
en el cuaderno del ombligo: punto de ebullición de mis ideas,
y de la flama que delira en los dientes.
La barba ha crecido en la tibieza del abecedario, conozco la lluvia
que humedece a mis ojos,
la mata de aire que muerde mi pecho,
los trompos de las vocales con el cordel de la saliva.
El poro no envejece cuando los ojos transpiran la rama crecida
de la luz, cuando de cierto, es casa la piscucha.
Viajo con ellas como el escapulario colgando del pecho:
—cada una es la prolongación de mis zapatos o de la herida;
sucede que a veces enmudecen como las nueces;
muerden como los amantes lacerados por el vértigo;
queman como la desnudez primera en las pupilas, arden en todas
partes: en el bolsillo son monedas inauditas,
libélulas acorraladas donde la lluvia las despierta.
En la claridad arrebatan cada sombra de la noche:
la noche las mastica hasta ahogarlas en el pecho. Almohadas misteriosas
al pie de las sábanas; nunca duermen en el universo de la saliva,
en el poyetón de la cocina, en los muros apretados de grafiti,
queman como la brea, el kerosen las alimenta,
las montañas, los caballos, los zapatos, los trenes, los barcos:
en cada lugar escapan del espejo: son ese espejo vívido del polen,
la luciérnaga colgada de la puerta,
la calle con moscas y muertos, los pozos macabros, los féretros
y cementerios: —en cada sitio bulle su alambique.
En cada mesa gritan en la tortilla, en cada ojal muerden la camisa;
ladran a veces, abrazadas al crimen, arrasan los vastos ojos
de la intemperie; tiemblan ceñidas a la boca: benditas palabras
de todos los días, tan necesarias como beso o un abrazo.
Permanecen pulcras mientras el deseo no las arquea: reivindican
mis sueños, afinan la armónica de mi nostalgia.
(Y sin embargo, vos las inmolas como unas monedas de a centavo,
las vertés en el polvo de la indiferencia,
las tirás a la injuria de las piedras, las hacés sordos guacales
de salmuera: las volvés ciegas como la hojarasca sobre las baldosas.)
Yo, entretanto, las sigo recogiendo en el bolsón de la memoria.
Barataria, 28.XII.2010

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada