La tierra blanca junto al aire parece indefensa; desde el grisBusco la blancura, —el día con sus mediodías resplandecientes,
La aurora revelada en mi propio imaginario.
El tacto es tan antiguo en esta humedad de los deseos.
El agua ofrece un desvelo de soledades profundas,
Delirios, hojarasca, destellos de turbulenta carne.
Snowbird, UTA

INVIERNO EN SNOWBIRD
(Sobre una llave de agua, canta un gallo
blanco a punto de enrojecer.)
FRANCISCO HERNANDEZ
La tierra blanca junto al aire parece indefensa; desde el gris
Busco la blancura, —el día con sus mediodías resplandecientes,
La aurora revelada en mi propio imaginario.
El tacto es tan antiguo en esta humedad de los deseos.
El agua ofrece un desvelo de soledades profundas,
Delirios, hojarasca, destellos de turbulenta carne.
El frío sacude los párpados embriagando las palabras.
—En el conjuro de la noche es necesario el fuego de la chimenea:
Un país mujer que tapice mis poros,
Quemar la planta de los pies sin guantes, las manos a punto
De congelarse, el arco de la llovizna como una muchacha
Ardiendo en las estrellas invisibles.
Las piedras me sirven de escalera para subir a las góndolas:
Aquellos pezones donde resuella el viajero que soy.
Cada ski sonríe sobre la harina volante del viento, —blancos
Pétalos, como esquirlas dulces en los abetos de la fantasía.
Nadie duerme aquí encendiendo el aliento hasta las cejas.
Nadie deja de tiritar con el bigote entre los dedos,
Nadie pierde sus pantalones en este castillo de hielo galopante.
Los cientos de esquiadores parecen cisnes alumbrando
Los colores del cielo,
Esparciendo el tropel de la nieve,
La lengua del frío que madura en los poros como la hojarasca del otoño.
Estoy seguro que las manos no descansan en medio de estos días;
En estos días interminables, los pañuelos envuelven la luna
Ausente, crepitan insensibles las semillas del invierno.
Frente a las vidrieras, gesticulan, apiñadas las flores de la tempestad.
Y no es para menos: simplemente respiro cubierto de nieve.
Simplemente observo las manzanas, que en la intemperie,
Se vuelven simples doncellas blancas a punto de fantasear en mi saliva.
(Nos paseamos entre los pasillos. Queremos hacer trópico
Esta alacena de los brazos. Convertimos las sábanas en eléctricos
Tabernáculos. Siempre blanco este ventisquero de libélulas.
El invierno adivina la campana del frío, este pulso del sueño,
—cofre, acaso, de nuestro habitual cuaderno.
Regresamos al mismo punto de las venas: la chimenea es intensa
En su propia flama, nos trasiega, nos restituye, nos deshiela.
Creo que aquí podría aullar entre fantasmas.
A dos voces perdido en este frío. Dos ráfagas orgásmicas.
A dos espejos dispuestos a soportarse después de fructificar
Sobre la mancha blanca de este lenguaje en las pupilas.)
Snowbird, Utah, diciembre de 2010
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