A menudo en el alfabeto sólo veo espejos trasnochados, y lagartijas
mordiendo el pus postrado de la ceniza en la cabeza.
En la joroba del mentón vuelan gaviotas frenéticas y bocas
masticando cielos de carne de murciélago.
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HORÓSCOPO DE LOS ESPEJOS
Usted perdonará si me entretengo
y acaricio mis libros con ternura.
LUZMARÍA JIMÉNEZ FARO
A menudo en el alfabeto sólo veo espejos trasnochados, y lagartijasy acaricio mis libros con ternura.
LUZMARÍA JIMÉNEZ FARO
mordiendo el pus postrado de la ceniza en la cabeza.
En la joroba del mentón vuelan gaviotas frenéticas y bocas
masticando cielos de carne de murciélago.
Un sombrero huele bien si está adornado con pájaros azules;
de otro modo podría parecer una taza de café con cuervos decrépitos.
Para el propio sosiego hay que acariciar la ternura en el espejo,
las cartas tiradas a las olas y con remos,
beber granitos de anís en el púlpito de la noche,
poner en subasta los vapores orgásmicos, limpiar el parabrisas,
amar los puntos cardinales sin las deudas del presente.
Fabulo la asfixia de las palabras en los libros: destapo el surco
de la hoja hasta sembrar el rostro; luego viene la lluvia con sus espigas
incomparables, ¿acaso aquí están todos los aromas,
y todas las manos y todas las bocas?
—Sucede que ahora conmigo, el lanzallamas de la tinta volando
sobre mis párpados: sin vos, convierto el desvelo en un rincón apacible,
atardece sin pagar facturas,
las cosas tienen las plasticidad de los suspiros,
el frío se extingue cuando acerco la solapa de mis libros a los poros,
aunque allá, en la hamaca del viento, empieces a amanecer desnuda,
con tu aire de imposible fatiga.
—De pronto, ocurre que debo ordenar el crepúsculo de mis tiliches,
Los fósiles de la mansedumbre, la gastada cabalgadura de mi nuca,
el parpadeo amontado en un punto de las antípodas,
limpiar los sueños colgados en la pared,
trasladar mi propia sombra al tacto.
(Vos y yo, ahora, nos asustamos del horizonte, de los puentes colgantes
de las bocas, de la ramazón de la saliva, de las palabras que esconden
las escamas, de la añoranza de las ventanas;
todo ha cambiado como un aluvión de espuma
en los cuencos de la sal, —nada tiene sentido, después de todo,
cuando el escombro se enraíza en los litorales, cuando el combate
se torna abisal relieve de alfileres o suelo de obstinada herida.
Vos sabrás leer los armarios vacíos, los tatuajes húmedos
en las sábanas, la bestia en su crujido de calle estrecha, la porcelana
rota en las vitrinas, la lluvia lejana en los patios empedrados.
Vos y yo, siempre tuvimos la obsesión de la oscuridad:
el silencio ahoga los peces de la fosforescencia: leo con fascinación
líquida, hasta borrar la presunción de la herrumbre en mis costillas.)Lo demás queda en los libros como un embarcadero…
Barataria, 25.XII.2010
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