Gasto los días corriendo sobre las pestañas de la espuma
y las soledades que derriban las raíces de las puertas.
Soy transeúnte con vejados paraguas de olvido, —con embriaguez
de calles estrechas y desvarío, dientes sin pan desvistiendo las piernas
de los pesados guantes de la tos,...
Fotografía.André Cruchaga

FOTOGRAFÍA SIN PÁJAROS
Silence, here I am. I am, silence.
Bright and clear, it's what I am. Silence, I am.
Mother, father. Father, mother.
Death and violence. Exicitement, I am.
NIRVANA
En la proa de mi lengua corren las aguas todas sus soledades.
Gasto los días corriendo sobre las pestañas de la espuma
y las soledades que derriban las raíces de las puertas.
Soy transeúnte con vejados paraguas de olvido, —con embriaguez
de calles estrechas y desvarío, dientes sin pan desvistiendo las piernas
de los pesados guantes de la tos,
de los durmientes apretados en los rieles,
del nido intruso en mi miedo de sombra pervertida,
de rostros tocados por nomenclatura del deseo,
del pájaro que golpea las fotografías sin descifrarlas.
Mientras las sombras se amontonan en mis manos, palpita el cielo
con su muro invisible.
(Mamá y papá en las fotografías: desembocan en mi silencio;
sacuden mis alas; mudan mis ojos de vagones dolientes.
De pronto el tren de las horas del eco,
Sus gestos de bosque, la alacena del sollozo, la muerte agazapada.)
Atravieso jabalíes de destinos absurdos, umbrales donde el rostro
advierte los peligros, sobrevivientes de un siglo de insinuaciones,
agujas en el testamento de las palabras,
cavidades pendulares como signos del zodíaco,
llamados a la conciencia huyendo del espejo del cuerpo.
Muero en la cama de la violencia sin motivos aparentes:
—ella ronda nombres diversos; prolonga las celdas como un desierto;
grita en la espalda como un bufón de circo.
(Vos no sabés cuan vulnerables somos ahora en la casa,
ni en qué País sitiado estamos, ni cuándo culminará la batalla,
y si un día se abrirá la puerta de la noche hacia el día, —hacia la luz
del libro blanco de las victorias.)
Mientras, me sumo a la ebriedad de mi propio silencio, es decir,
a la respiración de mis torpes palabras,
a la puerta reconstruida de mi fantasía que anda gargantas ilesas.
Lo demás es fatiga y sepultura, sembradíos de enlutado pan,
desvaríos que no lava el agua, ni aquietan a los murciélagos,
gritos que el viento quiebra en la hojarasca.
Los fósforos del gemido nos arrastran hacia caballos de áspera
Sangre, hacia graneros de alevosa mordida.
Un día más, se pierden las fotografías sin ganancia de años.
Un día más, lo saben: sálvese el que pueda…
Barataria, 20.XII.2010
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