a las paredes; la nieve vigila el desvelo y las ansiedades:
—nosotros en cambio (Beatriz, Rosario, Alfonso y yo), vemos saltar
Las multiétnicas con sus variadas expresiones, pero la luz
es la misma en la conciencia, los cuerpos, el césped, el paisaje
borrado por la flor blanca del cielo.
Fotografia André Cruchaga

THE BLACK FRIDAY
Sometimes, you say, I wear
an abstracted look that drives you
up the wall, as though it signified
distress or disaffection.
STANLEY KUNITZ
Algunas veces la gente duerme en la intemperie, pegada su espalda
a las paredes; la nieve vigila el desvelo y las ansiedades:
—nosotros en cambio (Beatriz, Rosario, Alfonso y yo), vemos saltar
Las multiétnicas con sus variadas expresiones, pero la luz
es la misma en la conciencia, los cuerpos, el césped, el paisaje
borrado por la flor blanca del cielo.
—Millas y millas de un lado a otro, mirando con ojos curiosos
El mercado, los grandes centros comerciales, la transpiración
escasa, los colores diversos en medio de un sol blanqueado.
Todo lo inunda, —el Black Friday—, hasta olvidar que aquí, la aurora
en una bofetada de hielo en las mejillas.
Hemos pasado duros escalofríos. En torno a esto, es más fuerte
la sed, el sueño blanco, el pañuelo extendido, grave del paisaje.
Pasa el tren aquí, entre pinares inefables y transeúntes desvanecidos
por el aire de la bruma.
La noche viene y va, inmensa, como un guacal de sombras,
en medio de tanta luz, —luz que no es verde, sino rosa blanca
del invierno, dura boca sobre las piedras frías.
(Me resulta curioso este jardín de lejanías y dibujar en mi cuaderno
la ventana de las gotas, haciéndose carámbanos, —hilos imaginarios
colgando de las nubes. También resulta interesante caminar
por los alrededores de Salt Lake Valle
y muchos de sus suburbios: West Valley City, Murray, Sandy,
y por supuesto, West Jordan;)
en Sandy, a la mesa, las linternas transpiradas de los seafoods,
la neblina astral de Dios, los suspiros pendulares del sigilo.
Ha habido tiempo de comprar hasta bisutería
A la luz de la curiosidad.
(En esta limpidez absoluta, veo una parte del valle del Lago Salado con
Oquirrh montañas en el fondo hacia el suroeste de la ciudad
de Creek Canyon.)
Las palabras se acumulan con peregrina transfusión de parábolas.
Y no es para menos este vitral de escarcha sobre mis zapatos.
Este jardín que respiro desde mis propias ansiedades.
Sería mentir si niego este reencuentro con las montañas, —estos días
Blancos abrigados con mi cuaderno,
Ríos transparentes en sabia alianza con mis pupilas.
Toda la emoción se escapa por mi boca: el vuelo es alto para esperar
El siguiente día, aunque ya no sea el black Friday…
Kerans, UTAH, diciembre de 2010
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