Hoy descanso tras poner en orden mis latidos: el parabién es,una alianza sumaria de fuegos y sobrevivencia. —A menudo le ganamos
a la vida porciones de rascacielos, trotes de aromas,
y hasta días dispuestos para la alacena de la memoria. Mi prójimo
que es el bosque me llena de trementina;
mi prójimo que son los ríos, me bañan con su espejo unitivo.
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ALEGORÍA PERSONAL
Soy el hombre de la danza oscura
y el ataúd de canciones degolladas;
PABLO DE ROKHA
Hoy descanso tras poner en orden mis latidos: el parabién es,
una alianza sumaria de fuegos y sobrevivencia. —A menudo le ganamos
a la vida porciones de rascacielos, trotes de aromas,
y hasta días dispuestos para la alacena de la memoria. Mi prójimo
que es el bosque me llena de trementina;
mi prójimo que son los ríos, me bañan con su espejo unitivo.
Puedo darle gracias a la vida por todos sus desvelos elegidos.
Puedo mear en las cuatro esquinas del Universo y ser feliz
en el torbellino de un antro, revivirme en los ojos recurrentes
de la espesura, lamer los callos de las piedras, o trasegar los relojes
clandestinos de mis poros en u n guacal de barro.
Ciertos son los anteojos que aprietan mis arrugas, como ciertos,
son también, los días en la niebla de los campanarios.
Sobre la diadema de las piedras, el harapo y la polilla de los ríos.
Nos ha tocado vivir sin cobija “en los rincones de la historia”,
—vos lo sabés con tantos remordimientos que niegan el aliento;
sentimos los dedos enormes de los acantilados,
y la respiración agotada en palabras.
Ya pasaron los días donde esperábamos “un golpe de suerte”;
ya desbordamos el sudor en la piel y la mordida pedregosa
de las vertebras y el estornudo sobre el pubis del silbo. Ya es congoja
el panal envejecido del silencio y todas sus antípodas.
Ya es ataúd el pretexto de las acequias, el gris degollado del filo,
los caballos del cielo en monedas de sal,
la colilla espesa en la estrechez de los aleluyas,
los andamios de las crayolas en el cuaderno de la lengua,
el minuto desbocado en las ramas de la sed, la fábula, la alegoría,
en un cementerio donde solo cabe la hojarasca
de las bocas y del sueño.
Me pregunto si hay palabras para ya no respirar la nostalgia:
Si en las acequias se pueden encender candiles; si la lluvia lava
las ventanas y las uñas y las serpientes;
si después de todo, los relojes dejarán de ser ese péndulo obseso
de tus muslos; y tus manos, una puerta al día y no a la breña.
En fin, duele el amarillo en los ojos de las mariposas:
las hormigas como un aguacero lento en la lengua, los muros
momificados de los pómulos, este azote del vejamen, la llaga al aire,
el corduroy doliente de las venas,
el humo del Sistema pronunciado en las cocinas de leña,
los pensamientos en muletas acuosas, esta manera de sentirte,
casi apocalíptica, como un metálico suicidio echado a las aguas
de los vértederos…
Barataria, 25.XII.2010
2 comentarios:
André , siempre estoy del otro lado del océano y leo tu espacio poético. Me gusta ese juego entre los opuestos que siempre hace presencia entre las palabras en tu escritura.Tu manejo cuidadoso y acertivo de la sinestesia y el hipérbaton, que permea tu prosa. Gracias por estar ahí.
André un abrazo hoy y siempre.
MUCHAS GRACIAS, POETA, POR TU GENEROSO COMENTARIO. TIENES RAZON, ME MUEVO EN ESOS DEL RECURSO RETORICO.
UN ABRAZO,
ANDRE CRUCHAGA
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