Cada reloj tiene días de sal hasta el hastío. Liturgias con ojeras.Me atrevo a decir que en el cuerpo es un juego desordenado de poros.
Un poco el falsete de la hojarasca
Que pervierte las formas normales de la palpitación.
La sintaxis no cuenta en la convulsión incierta del oleaje, —es necesario
Desordenar el alfabeto, la arqueología seminal de los adverbios,
Los determinantes de las aceras, el calostro de los adjetivos.
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SINTAXIS DE LA SAL HASTA EN EL HASTÍO
Y como el nadador, dichosamente cansado,
deja escurrir los dedos del agua por su cuerpo desnudo
volviendo su mirada hacia la playa,…
PABLO GARCÍA BAENA
Cada reloj tiene días de sal hasta el hastío. Liturgias con ojeras.
Me atrevo a decir que en el cuerpo es un juego desordenado de poros.
Un poco el falsete de la hojarasca
Que pervierte las formas normales de la palpitación.
La sintaxis no cuenta en la convulsión incierta del oleaje, —es necesario
Desordenar el alfabeto, la arqueología seminal de los adverbios,
Los determinantes de las aceras, el calostro de los adjetivos.
Por cierto que es mejor romperse los tobillos que el tartamudeo
Crónico de las mudanzas que distraen el horizonte.
Por cierto, digo, que son mejores las sombras a que una boca insana
Muerda la conciencia con sus dardos de veneno.
Eso de nacer de nuevo no es más que una figura retórica; y sólo
La creen los que no se pueden sostener en las raíces,
Sino en la espuma de tantas falacias.
De pronto hay demasiada corrosión para purificar la inmortalidad.
Cada amanecer espléndido, recibe los arrullos de la sal
En su estado caótico, —disfrazado llega al hastío, el olfato de este
Funeral de vestiduras sin sintaxis.
A veces sólo es abismo este hastío. —Ladra el centelleo moribundo
De la gramática en su rascacielos de heridas alucinantes.
Tose el surco de la sal en los labios: me harto de todo. De la diafanidad
Y la oscuridad; de los poemas maltrechos que todavía sangran,
De las visiones que postraron mis rodillas,
Del ocio de la ceguera,
De mis zapatos fugaces en la eternidad del Paraíso.
Muerdo los calcetines condenados al pavimento: a tantas heridas
Que tienen mis vértebras, a los besos que dejé colgados en los aleros,
Al litoral que mordió las uñas de mi sonrisa,
A los adioses que nunca dije por temor a la blancura de la desnudez.
(—No tengo otra manera para describirte el filo de las mareas,
Ni siquiera la anfibología del cielo;
De pronto también le tengo miedo a las cacofonías del aliento,
Al lápiz de la lengua que escribe sobre la piel,
A los barcos de los ojos que navegan en las estrellas,
A la tempestad de las ventanas frente a las sábanas.
Vos me pintas de anáforas,
Mientras cada centímetro pestañea,
Mientras el navío lascivo bracea en la esperma de cada melódica.
La página trasluce la danza sonámbula del vientre:
La tormenta besa la carne como un cigarrillo en la boca.
Entonces, a torrentes, los espejos caen el césped…)
Barataria, 19.XI.2010
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