jueves, 18 de noviembre de 2010

SILLA DE LA AMBIGÜEDAD

Entre la rendija del ventanal, el anhelo de pronto arrebata los manteles.
Ahora el olfato desciende hasta las aldabas. Las escaleras bajan
A la profundidad del viento, al olfato del sigilo.
Aquella silla pegada a la puerta, ahora es sólo humo y memoria:
—Dentro de su abigarrada austeridad, la tumba de la entraña, el reloj
De puño colgado del sombrero, del abanico que deshace sus aristas.
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SILLA DE LA AMBIGÜEDAD




Está la mente quieta como inmóvil palmípedo
las horas se derriten los minutos se agotan
no existe nada más que agonía y placer
CARLOS EDMUNDO DE ORY




Entre la rendija del ventanal, el anhelo de pronto arrebata los manteles.
Ahora el olfato desciende hasta las aldabas. Las escaleras bajan
A la profundidad del viento, al olfato del sigilo.
Aquella silla pegada a la puerta, ahora es sólo humo y memoria:
—Dentro de su abigarrada austeridad, la tumba de la entraña, el reloj
De puño colgado del sombrero, del abanico que deshace sus aristas.
Nunca sabemos qué hacer con los trapos del desastre, ni con la movilidad
Del tránsito, ni con esta locura de ojos repentinos.
Cierto es que el barro tiene sus propias fisuras. La madera. El poyetón.
Las sandalias que están ahí lamiendo el suelo,
Las certezas y las indefiniciones. Todo nos corroe. Nos punza. Arde.
Estamos desnudos y cubiertos de aguas abrasadoras.
De espumas y lanzas y hervores y salpicados dolores y alegrías.
Sé bien de estos caminos del día y la noche:
He permanecido anegado de caminos en el mismo sitio.
La realidad tiene juguetes blandamente oscuros, leves, pesados,
Como un corazón madurado en el granito.
Como los sueños limpios en un día oscuro, desdibujado.
Como el paraguas dormido sobre el vómito de una azotea.
Como la astilla ya inoíble en el costado de la carne.
Como el cancel borroso del orgasmo transcurrido en líquidos insomnes.
Como toda la luz cómplice de los establos.
Como las aguas termales del frío cruzando el alma.
Como los perros repasando la lección de las pulgas.
Como el pecho tendido en la hamaca del horizonte: —plano, cóncavo,
Enraizado en la sombra famélica de los dientes.
Como la noche, sorda, estrangulada de los pañuelos, cielo hondo
Del párpado, abierto a la vivida complicidad del ocote o al kerosene.
Como la mirada abierta de la muerte, la noche bracea en la luz
Del espejo, alfabeto gastado de la materia. Próxima lejanía de la hoguera.
Como el pilón de azúcar, amargo en el residuo de la noche.
Como lo simple y lo múltiple suspendido en cubitos de hielo.
Como la porosidad del pie en los huesos, espuma viva del planeta.
Como mendrugo para miles de personas, sin pensar en los dedos
De todas las hambres, estómagos fermentados con leche agria.
Como todos los mangos del sol, rostros de perenne fugacidad.
Como la mirada insomne del cielo, todos mueren en la puerta del desvelo,
Como la sal genesíaca de la esperma sobre el velamen de las aguas
Subterráneas de los encajes, mares vivientes —vos y yo—,
Encallados en esta silla desteñida de la fosa…

Barataria, 18.XI.2010