Hay sitios donde sueño con las sábanas de la noche.El café espeso de una canción a medianoche, los atracos
De la luz sobre la hojarasca muerta, los abrigos
Transformados en polvo de estrellas, los relámpagos
Con las plumas a duermevela, la carne en la bruma
De los ratones, los senos en la lengua como colmenas.
Imagen tomada de la red

SUBLIMACIÓN DE LA NOCHE
Hay sitios donde sueño con las sábanas de la noche.
El café espeso de una canción a medianoche, los atracos
De la luz sobre la hojarasca muerta, los abrigos
Transformados en polvo de estrellas, los relámpagos
Con las plumas a duermevela, la carne en la bruma
De los ratones, los senos en la lengua como colmenas.
La boca frente a la respiración de las ventanas.
La desnudez subiendo las escaleras de la sangre,
Mientras los vértices de las pirámides recorren miles
De años trasegados en sombreros de miel mutilada.
Las raíces se dispensan en las ramas del aire, —de agua
Es esta nube que brota de la carne. Las horas se rascan
En los poros; la unidad necesaria mancha las sábanas
Con tinta indeleble. Así las aguas caen en los cabellos.
La fuerza de la noche toma su seriedad de las piedras.
Verde el fuego en el tafetán de los poros, verde el camino
De los tejados, la cascada dócil del ombligo,
El sudor despeinado de los relojes en plena marcha,
Las alas que sangran de alas en medio de hormigas devorando
Ventanas, agitadas plazas donde la noche, ciega, atraviesa
Las montañas líquidas de las sombrillas.
Pero no sólo es el ojo con su arrayán de pájaros, —Quevedo
Herido en sus versos; o Lope o Miguel o Aleixandre,
O Rilke o Camus en sus propios cementerios atormentados;
Extraño sentarme en la penumbra de los ríos,
Antes papeles en mis manos; ahora imágenes tan cercanas
Pero viejas, hora de espinas o víboras, ángeles o demonios
Necesarios en la mesa común de mi idioma.
La luz se apagó en las mismas calles de siempre: en el mismo
País inasible e insaciable, en los extraños olores de los parques,
En los portales derruidos de las bicicletas:
—Hombres y mujeres pasan junto a la noche, señalan, pasan,
Fuman enredaderas, quizá yerbas malolientes de boticas,
Mutilan el color de las fiestas, asesinan como tanques
De combate, decapitan décadas de cristales.
Si no fuera por las llamas de la historia, el polvo o el humo
Dejaría de ser constelación en los meses mayores del calendario.
A este extraño País le hacen falta sobrevivientes.
Le hacen falta nuevas palabras, nuevas miradas, nueva caras,
Para sustituirlas por esas ergástulas esparcidas en el frío.
En los diálogos desvanecidos se hilan las tormentas siniestras.
( Y pese a todo estás aquí, humedecida y estremecida,
Con la promesa echada a la penumbra, con la letra inicial
Del olvido en el cuaderno de apuntes, con esos extraños
Robacasas, —ladrones vestidos de flautistas, delicado estiércol
Del Sistema, ligeramente comestibles en los sueños).
Pero así somos felices o, al menos, grito en el combate
De la caverna, cama azul de las batallas, parpadeante hoguera
En el pecho o simple dolor mío y tuyo,
Dolor ajeno y mío, imprescindible, posible, no ignorado
En esta brújula sin puntos cardinales,
Conato de pobreza y quejidos, desvanecida garganta
En las certidumbres puntuales de las ráfagas.
Portales del desvarío donde la noche exige su ternura…
Barataria, 15.VIII.2009
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