martes 28 de septiembre de 2010

COMO VOS, ENTRE MULTITUDES DESCONOCIDAS

Como vos, entre multitudes desconocidas. Tráfico. Espejos. Amaneceres
Inciertos. Estrellas por descubrir bajo la lluvia.
Asfaltos como la propia entraña.
Lluvia sin fin rompiendo las ventanas. Espuma. Neblina.
Te me pierdes en lugares que no conozco: escaleras inevitables
Colgadas de los aleros. Persianas de dudosa claridad.
Imagen de André Cruchaga







COMO VOS, ENTRE MULTITUDES DESCONOCIDAS






Construimos pájaros y soledades. Todo el rumor
del mar se calla. Y en los caracoles
guardamos a Peter Pan. La dorada flauta
que un día nos hundirá en el mar.
ÍTALO LÓPEZ VALLECILLOS






Como vos, entre multitudes desconocidas. Tráfico. Espejos. Amaneceres
Inciertos. Estrellas por descubrir bajo la lluvia.
Asfaltos como la propia entraña.
Lluvia sin fin rompiendo las ventanas. Espuma. Neblina.
Te me pierdes en lugares que no conozco: escaleras inevitables
Colgadas de los aleros. Persianas de dudosa claridad.
Manifiestos de transitorias acuarelas. Sueños invisibles entre zapatos
Torturados.
De nuevo, siempre, como vos, muerto al borde del acantilado.
Subterráneos. Ciudades perdidas.
Como vos, llora el absurdo de una armónica en Nueva Orleans.
En el arcoiris negro de Savannah,
En los símbolos de Otoño, ciudad también descubierta en la desnudez.
Como vos, el paraguas cerrado de la lluvia:
El violento papiro de los peces, la madera podrida de los balcones.
La polilla como un muro de granito.
El kerosene abandonado en la angustia. El mediodía en el asfalto.
Habitamos el atardecer oscuro de los periódicos:
A veces sin pupilas y sin huellas digitales. A veces hoja leve del labio
Que cae, lenta, sobre el agua hendida de las palabras.
Como vos, también yo pregunto por el hangar del zodíaco: desnudo,
Incierto como una mesa irreparable,
Vacío hasta el quejido del aliento, convulso y oscuro.
Entre la multitud nos volvemos sombríos, —pañuelos de arrugado
Color, lejos del propio pájaro que vive en nosotros.
En medio de calles que no entiendo su nomenclatura,
Los zapatos hundidos en el círculo de la ciudad, el subway del carraspeo,
Los rieles desbocados de la noche.
Como vos, mis manos mudas y transcurridas.
El ojo arrojado a los ecos del tráfico, sin la túnica del párpado.
Los pies gastados de llagas, mientras amanece al otro lado del mundo.
Los sueños amarillos, de arrepentimiento, de los focos disgregados
A lo largo de la ramazón de la lluvia y los recuerdos.
Nada nos falta ya, cuando estamos al borde de la locura:
Nada nos acerca entre peñascos y breña:
Nada nos devuelve la llama de la tortilla: somos hijos del vejamen.
Somos el ojo descuajado de tantas promesas incumplidas.
Como vos, la sal en las banderas de la sonrisa.
La piedra en su límite estalla. Como vos, la noche perenne
De los funerales. Como vos, el grito acumulado en el pecho.
Barataria, 27.IX.2010