Siempre tengo que decidir entre acostarme, caminar o escribir.
Termino por escribir al comenzar el día. Después están las faenas
Docentes a las que debo acudir con realismo.
Nunca me fatigo de ver tantas ventanas: —de desvanecer
Todos los días el camino de la aurora, el reloj que me pongo
Por costumbre. Cuando me sumerjo en la orquesta de la batalla,
Me propongo ser un pájaro sobre el océano.
Termino por escribir al comenzar el día. Después están las faenas
Docentes a las que debo acudir con realismo.
Nunca me fatigo de ver tantas ventanas: —de desvanecer
Todos los días el camino de la aurora, el reloj que me pongo
Por costumbre. Cuando me sumerjo en la orquesta de la batalla,
Me propongo ser un pájaro sobre el océano.
Ilustración: Imágenes gratuitas
LABRIEGO
Converso con el hombre que siempre va conmigo;
(…)
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
El traje que me viste…
ANTONIO MACHADO
Siempre tengo que decidir entre acostarme, caminar o escribir.
Termino por escribir al comenzar el día. Después están las faenas
Docentes a las que debo acudir con realismo.
Nunca me fatigo de ver tantas ventanas: —de desvanecer
Todos los días el camino de la aurora, el reloj que me pongo
Por costumbre. Cuando me sumerjo en la orquesta de la batalla,
Me propongo ser un pájaro sobre el océano.
Leve como la abeja que juega sobre el polen.
Hago de los ojos grises un arcoíris de tibios huertos.
De pronto el único mapa para andar es la luz: la gota de sol avanzando
En las almas, la lucha tenaz por nombrar las cosas:
Es tan simple como jugar a las canicas de la ternura.
Día a día construyo un jardín: hacemos el rocío con la misma
Revelación que nos dan las palabras.
No es un trabajo áspero, no.
Se trata de alumbrar el futuro y entender la alborada de los signos.
Cada mañana acudo a ofrendar el azúcar de la ternura.
La lección del rocío procura el misterio de las palabras. Amanece
En las respiración, el fuego resurrecto de los peces. Amanece.
Hoy me veo en cada ojo descifrando los arcanos: la espiga del río,
El sombrero de la filigrana en cada pupitre.
Razones hay para entender que la arcilla es escritura.
Cada día estamos buscando las aldabas del reloj y los libros;
Poco a poco hemos aprendido a descifrar las puertas, a respirar
Sin miedo en las calles,
A pulir el jade del mapa mundi, a vencer la hostilidad de las monedas.
En la mesa, tenemos el alfabeto completo, sin carcomas.
No nos desanima el mal de ojo de los estruendos exteriores,
Porque estamos aquí, en este relincho de los sueños, con ferviente
Avidez. Como un pastel que espera por nosotros.
De pronto, el aula, es una embarcación de dones y dulzaina:
Al final, sé, que cada quien tocará su propia melodía: y revelará
De manera audible, “los territorios conquistados”…
Barataria, 21.VII.2010

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