sábado 26 de junio de 2010

DESPOJO DE LA HOGUERA EN EL ALJIBE

Subterránea la lluvia, rompe las paredes del pétalo sosegado en la cal.
El pálpito del alma rompe la vasija del alma, el desvivirse, al cabo,
En el fuego sin censura de las posibilidades que azotan el pensamiento.
De pronto uno va como el mendigo: a lo que da la vida, lamiendo
Cada plato de pesadumbre, de estertor, del hollín la alacena.
Ilustración: Imágenes gratuitas








DESPOJO DE LA HOGUERA EN EL ALJIBE








Y el frío, por debajo, permanece.
De la médula vuelve la trastienda del hielo
a cubrirme los ojos como sangre reseca.
ISABEL PÉREZ MONTALBÁN







Subterránea la lluvia, rompe las paredes del pétalo sosegado en la cal.
El pálpito del alma rompe la vasija del alma, el desvivirse, al cabo,
En el fuego sin censura de las posibilidades que azotan el pensamiento.
De pronto uno va como el mendigo: a lo que da la vida, lamiendo
Cada plato de pesadumbre, de estertor, del hollín la alacena.
Se vive y se muere después de todo en el seno de la hoguera,
Mientras uno está aquí en el camino del arado.
La orfandad llega sin que se le convoque, lámpara en desuso el ojo
Dentro de la cueva, la puerta volteada detrás del mercado de la noche.
Nada ofrece después el cuaderno roto en la basura.
El alfiler contenido en la compuerta.
La noche cerrada en su fuga. La desnudez asfixiante de las caricaturas:
Despojo adormecido en la corriente de la espuma: arde aún la escoria
Con su textura de ardiente lengua. Arde el reloj de la sombra en la silueta.
Nadie ha llegado desde que perdí la noción de las distancias.
Blanca la ceniza en el silencio gris de las alas.
En el fondo, la brisa a intervalos de la memoria, —el tacto vertical
Del olvido con sus vívidos relojes. El perro que lama la vena rota.
—¿Qué queda en el vaso de los meses? Leer el bolsillo sin monedas.
Huir sin poder rastrear la luz. Quedar siempre proscrito, sin niño adentro
Que calque el mapamundi, sin manos para agarrar el día.
Dentro de la misma perplejidad del agua me hundo, agua en el aljibe
Lejos de ser puerta o párpado. Lejos de ser ventana y disputarme
El arcoíris como lo hace el ciego con el firmamento.
Hay frío después de todo junto a la cobija de la pared que me sostiene.
Hay luciérnagas, después de todo, junto al extravío de mi sombra.
Ceniza en el papel celofán de los párpados, pinos de lejana trementina.
Después de todo, termino siendo un despojo en medio de la memoria
Del agua, de sus cataclismos, de sus torrentes,
De sus velas idas sin retorno. No sé si llegaré a la última página
De los huesos, salir de los barrotes que aprisionan, volver sin la herida
En el costado, —levantar de un solo golpe los pedazos
De este sueño norte sin moho, sin zarpazo de magma. Sé que debo borrar
El escombro y erigir de nuevo con papel y lápiz la memoria.
Barataria, 16.VI.2010