sábado 19 de junio de 2010

ASCUA DEL OJO EN EL ESPEJO

Cóncavas todas las razones del olvido. El ascua derramada en el espejo.
El pie crecido en la mansedumbre del tiempo y la legumbre.
La cosecha de clavos en la voz del viento. La sangre cortada en el combate,
La silla sin pájaros, pero con sombras desvaídas.
Cuando el sueño amanece revoca la piedra y sube a las tejas el azogue.
Ilustración: Imágenes gratuitas









ASCUA DEL OJO EN EL ESPEJO








Se cubre la palabra bajo un velo de nieve.
La luz, desconocida, se manifiesta entonces
sin amistad alguna. Acuchilla los ojos
que sangran en la hoja.
ROSA ROMOJARO








Cóncavas todas las razones del olvido. El ascua derramada en el espejo.
El pie crecido en la mansedumbre del tiempo y la legumbre.
La cosecha de clavos en la voz del viento. La sangre cortada en el combate,
La silla sin pájaros, pero con sombras desvaídas.
Cuando el sueño amanece revoca la piedra y sube a las tejas el azogue.
El tiempo me impone desvanes de cuchillos. —Puertas separadas del día,
Arañas de aviesas frutas, aguas inmóviles de la sed.
Siempre buscamos la dimensión infinita del tiempo y los espejos
Para subir al tren a través de los costados, a ese siempre embarcadero
De nuestros recuerdos. —Y ahí está reflejado el halcón del suspiro.
Alrededor la diadema del desorden nos anega: —el agua descalza
De las pupilas, abriéndose a la escalera de la lengua, extenuada hoja
De la respiración, perro vestido de presagio umbilical.
Vivimos así, endebles, a la par del astillero de los ataúdes con la voz
Enterrada en el pétalo inerme,
Zarza de la herida prendida en la pared.
Hacemos girar las agujas como una bola de cristal en las manos.
De la piel al cuello buscamos la garganta del camino feliz. Y nunca
Llegamos porque el suelo del espejo se ha tornado laberinto aciago.
Arrecia la tormenta de los cascos. Los candiles de los poros. El mercado
Con noches y hojarasca.
Siempre teñimos de incendio el lago del ombligo. O simplemente
Deshacemos el júbilo de las pupilas cuando la Esperanza gime
En la bocacalle del viaje desandado, —en la sal torpe de los viajes oscuros.
Es fácil salir a la calle sin siquiera ver la pólvora; recoger el silencio
A la vera del camino; descender a las aguas resbaladizas de las horas.
A menudo no hay palabras para volar desde los pupitres:
Falta la sombrilla de la hoja, leve, en los rieles de la semana.
Falta la alegría extraña de las puertas. El labio de luz de las ventanas.
Quizá sobra todo en este ardimiento. —El ascua que no es fuego,
Sino días vividos de escoria,
Días de duda y pesimismo. Días donde no hay certezas, —confín del fuego
Censurado, credo creciente de la destrucción.
Hay un mar de mojados puños en el insomnio, un ojo largo de sábanas
Flotantes, una mesa de hendida sal, una almohada de piedras donde
El sueño reclina las razones del resuello.
Hay abajo del ascua de las cortinas, una saliva incesante de brasas.
Un cortejo de dudas a punto de abrirse…
Barataria, 14.VI.2010