Vamos cayendo en la cuenta de todos los días que deshacen sus peinetas,
El fósforo apagado del pulso y así caminamos junto a la brocha
De los desasosiegos, cigarros sin contabilizar en el mechero del taburete,
Lentes ahumados por el cenicero de la tasa de café,
Sandalias de febril estiércol,...
El fósforo apagado del pulso y así caminamos junto a la brocha
De los desasosiegos, cigarros sin contabilizar en el mechero del taburete,
Lentes ahumados por el cenicero de la tasa de café,
Sandalias de febril estiércol,...
Ilustración tomada de teleobjetivo.org

MEDIANOCHE DEL LOS DÍAS
Amo cuanto se deshace
maduros frutos que caen a tierra a tiempo de enmascarar
su fracaso en la noche.
MICHEL LEIRIS
Vamos cayendo en la cuenta de todos los días que deshacen sus peinetas,
El fósforo apagado del pulso y así caminamos junto a la brocha
De los desasosiegos, cigarros sin contabilizar en el mechero del taburete,
Lentes ahumados por el cenicero de la tasa de café,
Sandalias de febril estiércol,
Empeños al ras del piso de los dormitorios, escaleras hacia el libro
Viejo que ensució la caligrafía del reloj,
Fotografías incineradas con la saliva de la flama, barcos que se hunden
En el entrecejo sin jamás salir a flote,
Horas de los periódicos y las noticias con cuchillos de hollín siniestro,
Noches como esa romería del carbón en plena balanza de pagos
Sin fondos, sin saldos en blanco, poyetón oscuro de la comida.
—Hasta hoy la vida es tan precaria en la boca. Aunque el slogan la eleve
A reina todopoderosa. Es la muerte la que ronda, siniestra,
La fermentación de los zapatos, la guayabera blanca del disfraz,
Que siempre está ahí, en las cubetas de sangre de las calles.
Hemos vuelto sin despertar, a esa confusa de los espejos.
A las comadronas de la locura, al vídeo tres equis de las sardinas.
Nos muerde la vaca flaca de cada ciudad, no su antípoda. Nos muerden
Los chorizos de las moscas, y los demás embutidos colgados de canceles
Donde los perros sacian de pronto el collage del calendario.
Sin duda cuesta salir de la ociosidad de los sueños. De ese hímen
Pastoso del lecho a sabiendas que hay que preocuparse por el estómago.
Cuesta borrar la calma de los huesos entre tantos caminantes
Que van a su propio calvario de ceniza, al muelle donde los ojos cierran
En telón del paisaje,
Al papel ciego con el que juega la luna todos los días de luna llena.
Estamos siempre con el juguete extraño de los lavatorios y la bacinica.
Andamos de puntillas sobre los guijarros de las tortillas.
Mordemos el oído de los juguetes, la boca extraña, casi incierta
De cuanta escalera cruza la risa. Vivimos extraños floreros de días
Cansados. —Es una mezcla de espuma y ceniza el mercado de crucifijos,
En la flauta desnuda del cierzo.
La medianoche nos encierra con su atarraya, sin luz, sin zapatos.
Distante la campana que masturba nuestros lóbulos, las manos hundidas
En la carraspera gris de la garganta.
Vamos cayendo cada día, en la solapa de la sed desesperada.
En el pecho se tiende, frondosa, la medianoche, de esta semilla negra
De los ojos. De este brillo fatigado de las pupilas.
Barataria, 16.V.2010
2 comentarios:
André: Ese oficio en que se resbala el tiempo y que expresas en lenguaje poético escrito, es la síntesis de cada día en la intemporalidad de siempre. Tu sensibilidad ha hecho su parte y dicta a la creatividad imágenes universales que llegan hasta los posibles lectores para expandir el universo de la poesía. Felicidades por compartir el resultado. Leticia.
Gracias, ppoeta por tu comentario acertadísmo. Y pues, trato de escribir lo que vivo o he vivido. desde el subconsciente mismo se alza la palabra.
Un Abrazo grande,
André Cruchaga
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