Toda vida pasa por la respiración subliminal
De ciertos espejos hipnóticos;
De ciertos dobles para guardar la supervivencia.
De ciertos espejos hipnóticos;
De ciertos dobles para guardar la supervivencia.
Fotografía tomada de la web

CIERTOS MANIQUÍES SONRIENDO
Una masa flotante
se mordía el pulgar en las noches de insomnio
acercándose a la apariencia humana
¿Qué ráfaga de miedo me atravesó el cerebro
cuando empezó la expulsión del paraíso?
TERESA CALDERÓN
Ciertos maniquíes sonriendo sobre las escamas frías de la nieve.
Ciertos vagones sobre la escarcha de las vitrinas.
Ciertos adioses sin conmover la boca.
Ciertas gomas de mascar como paraguas de la lengua.
Ciertos aullidos golpeando las ventanas.
Ciertas mareas como los telones de una tumba.
Ciertas fotografías deshaciendo la tinta de mis ojos.
Cierta la silla, torneada, blanca, con dos patas
Sosteniendo la cuchara incisiva de mis dientes.
Los pájaros vuelan desde la bufanda de mis manos. Patinan
Y muerden las colillas delgadas de balcones.
De cierto, el oleaje raspa los labios; castañea la piel a raudales.
[Te veo feliz aunque brame mi esperma. Soy un peatón
Sin pararrayos de madera…]
Ante algunas imágenes nos volcamos hacia el vacío.
Y hasta nos disfrazamos en el altar de éxtasis. En la otredad
De la lívido. Claro que el trompo de los ojos queda en el mismo sitio
De la locura. En ciertos banquetes de la ubicuidad.
Y sin embargo, es como el balbuceo en desbandada.
Ese sosiego inerme, baldío, sin articular u horadar el lenguaje.
En cierta forma la historia es así cuando se convierte en fósil.
Cuando por encima del hombre enrumbamos la barbarie.
Toda vida pasa por la respiración subliminal
De ciertos espejos hipnóticos;
De ciertos dobles para guardar la supervivencia.
De ciertos diccionarios para saber las pequeñas dosis de ternura
En medio de tantas palabras definitivas.
No te culpo si has llegado a la fila india de las afasias
Del sonambulismo, al césped traumático de las ortopedias.
En el mundo de hoy, lo traumático es diferenciarse.
—Así inauguramos el extravío y las paradojas. La desigualdad
De la mueca, o la textura de la niebla.
Sin embargo, no podemos proclamar el desapego a los nidos.
No podemos hundirnos en el toque de queda de la intemperie:
La escritura es resistencia. Sol ilimitado del surco.
En los días sin luz, la tierra grita. Y no es la caverna, el bálsamo
O el almizcle. La guitarra sin hormigas.
[Por ahora, nadie respira tu epidermis, ni tus axilas;
Pero la atmósfera abre su hocico de adiestrable bozal].
No quiero que seas ni ser, “el perro que acaricia la mano que lo castiga”.
Ni los domésticos zapatos de la noche,
Ni la ausencia en los momentos que la libido se vuelve magma,
Ni chicharras que sólo pedaleen un instante.
Hoy se hace necesaria una vida ejemplar: una vida donde pongás
El azúcar de tus sostenes al servicio de cámaras inteligentes…
Barataria, 27.XII.2009

CIERTOS MANIQUÍES SONRIENDO
Una masa flotante
se mordía el pulgar en las noches de insomnio
acercándose a la apariencia humana
¿Qué ráfaga de miedo me atravesó el cerebro
cuando empezó la expulsión del paraíso?
TERESA CALDERÓN
Ciertos maniquíes sonriendo sobre las escamas frías de la nieve.
Ciertos vagones sobre la escarcha de las vitrinas.
Ciertos adioses sin conmover la boca.
Ciertas gomas de mascar como paraguas de la lengua.
Ciertos aullidos golpeando las ventanas.
Ciertas mareas como los telones de una tumba.
Ciertas fotografías deshaciendo la tinta de mis ojos.
Cierta la silla, torneada, blanca, con dos patas
Sosteniendo la cuchara incisiva de mis dientes.
Los pájaros vuelan desde la bufanda de mis manos. Patinan
Y muerden las colillas delgadas de balcones.
De cierto, el oleaje raspa los labios; castañea la piel a raudales.
[Te veo feliz aunque brame mi esperma. Soy un peatón
Sin pararrayos de madera…]
Ante algunas imágenes nos volcamos hacia el vacío.
Y hasta nos disfrazamos en el altar de éxtasis. En la otredad
De la lívido. Claro que el trompo de los ojos queda en el mismo sitio
De la locura. En ciertos banquetes de la ubicuidad.
Y sin embargo, es como el balbuceo en desbandada.
Ese sosiego inerme, baldío, sin articular u horadar el lenguaje.
En cierta forma la historia es así cuando se convierte en fósil.
Cuando por encima del hombre enrumbamos la barbarie.
Toda vida pasa por la respiración subliminal
De ciertos espejos hipnóticos;
De ciertos dobles para guardar la supervivencia.
De ciertos diccionarios para saber las pequeñas dosis de ternura
En medio de tantas palabras definitivas.
No te culpo si has llegado a la fila india de las afasias
Del sonambulismo, al césped traumático de las ortopedias.
En el mundo de hoy, lo traumático es diferenciarse.
—Así inauguramos el extravío y las paradojas. La desigualdad
De la mueca, o la textura de la niebla.
Sin embargo, no podemos proclamar el desapego a los nidos.
No podemos hundirnos en el toque de queda de la intemperie:
La escritura es resistencia. Sol ilimitado del surco.
En los días sin luz, la tierra grita. Y no es la caverna, el bálsamo
O el almizcle. La guitarra sin hormigas.
[Por ahora, nadie respira tu epidermis, ni tus axilas;
Pero la atmósfera abre su hocico de adiestrable bozal].
No quiero que seas ni ser, “el perro que acaricia la mano que lo castiga”.
Ni los domésticos zapatos de la noche,
Ni la ausencia en los momentos que la libido se vuelve magma,
Ni chicharras que sólo pedaleen un instante.
Hoy se hace necesaria una vida ejemplar: una vida donde pongás
El azúcar de tus sostenes al servicio de cámaras inteligentes…
Barataria, 27.XII.2009










































