jueves 26 de marzo de 2009

Paisaje permanente-André Cruchaga

Permanencia del paisaje, AC




________Paisaje permanente______




Desde la intemperie de los tiempos, el frío anuda
El miedo, —hosco centinela como llama en el alma.
El río que respiro es armadura de penumbras,
Contagio del grito que no ignoran los sentidos,
Túnel al que delirante entro ciego…
Y es que el arco iris en medio de la breña,
Es apenas un desvelo, lento, en los zapatos.
El paisaje es el mismo: los colmillos clavan en la sangre
Su saliva, mientras el clamor rompe las entrañas.
Habitantes de fuego en sustitución de las palabras
Anidan como posible eternidad en el planeta.
Ahora es posible la lluvia subterránea del tiempo:
El pulso de la limpidez carece de horizonte,
Las sombras gimen en el primer destello de la esfinge,
Las aguas del tallo cruzan la niebla, los fuertes vientos,
La alacena extraña de los sueños —esa que no cabe
En la urgencia de las almohadas o en los blancos
Fantasmas del instante…
No duermo ni duermes en el ansia gastada de las utopías.
No viven los niños en el confeti del escombro,
Ni en las paredes que vigilan con ojeras la agonía.
Entre nubes de un destino gastado en sus alas,
Alguna raíz será el símbolo de los espejos,
O en todo caso, el próximo universo punzante
Sobre el césped. —Fósiles húmedos creciendo en la arena.
Estamos frente a la sombra buscando el universo:
Millones desnudan la fugacidad de la brisa
En una pantalla de hongos misteriosos, en una triste
Verdad de semejantes que nunca es verdad.
Pregunto si es suficiente contemplar las nubes,
La sonrisa, la soledad, los besos, la muerte que se ve
En las luciérnagas, las manos con necesidad de asirse.
Pregunto si un día este reino no será de dientes,
Ni fradará la verdad perenne, ni el presente mordido
En las entrañas. Pregunto, nada más, mientras veo
Los crímenes ensimismados debajo de las sábanas.
No sé si es posible sobrevivir a los alelíes, a la gota
De alegría que sale de los pájaros, sin estornudar otras
Voluntades, sin memoria ni fantasía…
No sé si es posible acostumbrarse a la tinta del recuerdo,
Sin que las pesadillas infundan miedo, sin que el sonido
Hunda los tímpanos en un horizonte sin azúcar.
Creo que el tiempo de la hojarasca se ha vuelto fantasma.
Hay, digamos, cavernas flotantes, cuyo centro
Son rostros de fuego y envolventes escombros.
Creo que este paisaje de todos los días se hunde en la neblina
Del común horizonte de la breña…
Barataria, 25.III.2009