domingo 3 de febrero de 2008

Claroscuro_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Joan Miró






Claroscuro





Los claroscuros tejen redes infinitas
Con un lenguaje transfigurado en sombras;
Ellos quitan la sobreluz, esa extraña
Tapia de hormigas en las ventanas,
—pero también congrega fragmentos
De un balbuceo articulado de pájaros:
Cortejo de fósiles en los hombros del hombre.
Hay pocos lugares donde la luz es plena,
Por más albura como diccionarios en las ventanas:
Los parpadeos secretos se roban las palabras,
Los papeles de las manos echan miradas
Hacia cierta afasia del paisaje humano.

De repente hay facturas que pagar a cambio del silencio:
—otra manera de ser cómplices
Para recoger la felicidad en pedazos,
Agazapado lenguaje de la niebla, mundo de reparos
E impiedad: agua huidiza de textos sin papel,
Donde las telarañas deslumbran en abundancia,
Y la risa es cada vez un cuarto oscuro
Del tamaño umbilical del viento.
Desde el sabor de su polvo apiñado en las quebradas
Paredes de la historia, los zapatos resplandecen
De anemia,
Y los puñales son más ciertos en sus siete hambrunas.
La música nocturna suelta su pelambre,
—ciega sortija goteando horas, más allá
De la mesa sorda, callosa de manos,
Dulzaina de manchas en el pañal de los ojos.

La noche se vuelve un expendio de tragaluces:
La memoria se evapora en imágenes,
Espesos brazos monosílabos
Golpean el gris del universo.

A veces pienso al mundo en este claroscuro,
Como cortina de bambúes
Sobre una insolación oscura.

Nada me hace suponer lo contrario,
Cuando la suciedad de los semáforos sofoca
Y cientos de miles cortan el oxígeno
Con su agónica animosidad.
El paisaje de lo inhumano se ha vuelto
Un juego de irónicas almohadas, sorda epidemia,
Donde la boca se convierte en mullido aparador
De ciegas luciérnagas.
Barataria, 03.02.2008.
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