Pintura: Joan Miró
Palabras justas
No sé qué palabras recorren mis venas,
Ni cuáles son las justas, ahora,
Para nombrar la existencia de lo que ya no es.
“Es extraño. Solamente he aprendido
A desconocer y olvidar”: olvidar los pájaros,
La niebla rondando en la cabeza,
El temblor del extravío, sin luz posible
En los brazos de las catacumbas.
Ahora es extraño. Antes, no. Ahora.
Es extraño cuando se dejan las certezas
Y uno recorre las calles con los labios pálidos.
O las certezas son tales que se tornan lámparas
Y uno prefiere caminar sobre los alfileres del desamor,
Antes que lamer rendido, las losas frías
De la indiferencia.
No sé qué palabras deben salir de mi boca,
Cuando el asedio retuerce las sienes
Y la existencia se nos muestra sin ventanas
O nos arrastra hacia limosnas de esperanza.
Es extraño beber calendarios en el extravío,
Vivir y sudar espectros, leer rostros
En la oscuridad,
Tratar de olvidar colgado de tantos recuerdos.
Siempre la noche iluminó el camino.
Ciego caminante que “habita el olvido”,
Cuerpo no mas en el laberinto de sí mismo,
Suspendido en el armario de falsos entrepaños
Y álbumes rotos por las lágrimas
—Que en su hoguera de sal—,
Quema cuanto ardió y fue belleza.
Pero nada es extraño, después de todo.
Besé su carne: su infinita forma. Su vientre.
Y ahora nada queda. Todo es
Como las pupilas del viento.
Bajo la piel el rastro de la lluvia
Deshace la mirada. Cruel animal
Riendo sin mandíbulas.
¿Quién soy, después de todo, caminando descalzo
Entre espejos disecados, muerta mi estrella,
Conciencia cuya ramazón la habita
“Una corona de espinas”
O un crucifijo de olvidos?
Ahora hurgo en mi sepulcro por voluntad propia.
Hoy simplemente la historia es otra
Y moriré sin nadie en el olvido.
Barataria, 02. 12. 2007.
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