Intérpetre de Blues
Blues IV
Fue cruz el cuerpo y el respiro
―destino secular del odio, ardiente cielo,
Oscuro sudario de la tierra,
Hierros frescos en la piel
Como un largo ritmo de silencios.
El dolor canta en la música.
Cada nota o huella muerde:
―Ciénaga lamiendo las manos:
Muerte gimiendo en la vida,
Luna en la zarza, noche fundida en roca.
El color no es sujeto de misericordia.
Fue hecho de muros y fantasmas.
―Sorda y oscura el ala, oscuro el miedo
Y la verdad en los labios.
¿Qué hace la noche sobre tanta noche?
¿Qué hace el dolor en la sangre?
¿Qué hacen los candiles contra la muerte?
―Nada. Martin Luther King sigue muriendo:
Suya es la lámpara del eco: la voz alta
Abriendo las puertas: la vida es el mar
De las evidencias. Esa vida salpicada
De huesos donde la buena suerte espera
Un delantal de esperanza.
Ha quedado la lágrima en celestes dulzainas.
Las calles marcadas por el grito del látigo,
La gramática de la voz con ritmo subterráneo,
Sacude los sueños desde las vigas
Hasta las raíces.
No hay luz en las paredes, sino fósforos
De encapuchados martirios.
No hay luciérnagas en las hojas de tabaco,
Sino irritantes sábanas de ceniza
Sobre las pupilas negras del aire:
Marcas adscritas a la sangre, chimeneas
De angosta mirada y transeúntes sin imprenta
Pateando un planeta de luto y congoja.
El blues tiene barcos de solitaria sed:
Carbón de tempestades, trenes de sueño,
Ventanas de reveladores nidos
Donde la noche es hostia herida
Y el pecho un pájaro con agujas.
En la sangre de los espejos
Hay barcos a vapor
Y sueños en pijamas. Hay rostros de piedra:
Millones de heridas masticando dientes,
Libros humanos convertidos en martirio,
Y hornos y horcas para hacer de la resistencia,
Un silabario de ilustre sabiduría…
Barataria, 18.11.2007.




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