viernes 5 de octubre de 2007

Paradojas_André Cruchaga

Pintura: Pablo Picasso






Paradojas




Un ciego tantea el atardecer
Roberto Juárroz



Nada es como ayer.

El mundo es otro o nosotros hemos cambiado.
No reconocemos la aurora en el dintel,
Ni en los jarros del patio el cierzo.

La geografía es otra; otra la manera de ver
Los círculos polares y la eternidad pensada.
Todos nos deshacemos al atardecer: La frontera
De la noche anula, lo baldío es un negro punzante:
Algo sin sábanas, sin cama y sin amor.
Nuestros mayores nos dejaron poco tiempo para pensar.

Nos llaga la memoria porque es el fin;
El delirio de las catástrofes supura en la imaginación.

Nuestros latidos lentamente caen en el vacío de las horas;
Hambrientamente la prisa ata de pies y manos.

El trompo de la vida tiene otros lenguajes más sutiles.

¿Qué signos tienen las sombras?
¿Qué ojos íntegros se obstinan a la claridad
donde el mar hechiza lo humano?
Tal vez los barriletes en las manos de los niños
Nos den la sonrisa justa y el conocimiento cierto.

Ellos corren, gritan, juegan al cadejo y a la mano peluda,
Marchan sobre el aire, lo respiran y lo olvidan.

Nosotros, en cambio, resistimos al trueno y al relámpago,
Y somos capaces de envejecer sin merecerlo,
De desvelarnos frente al horizonte y caer
En la metafísica del insomnio, visiblemente
Patéticos sin comprender la progresión del tiempo.

Sólo un ciego es capaz de ver el atardecer
Y explicar el justo silencio del ruido.
Ves como el mar repta materia sobre materia;
Hiende a la piedra y la olvida. Vive lo que dura.

Cae ciegamente entera sobre sí misma
Y sin embargo, dudamos de que así sea:

Lágrima vertida la luna en nuestros ojos.
Toda la vida es ceniza. Toda ceniza memoria clarísima
Del sueño movedizo: La vida.
Barataria, 2005
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