Pintura: Juan Gris
Acontecer diario.
Al poeta Jorge Etcheverry
Entre chatarras, la compulsiva pulsación
De los armarios,
El humo del destino gobernando chupamieles,
Los inocentes viviendo en una sombra
De tijeras como finos bisturíes,
El cascabel del pánico como feroz remolino,
El agua oxidada en tuberías rotas,
El riesgo de las paredes demasiado frágiles
En el aserrín donde arde la penumbra
Y el rayo destiñe el almanaque verde de la luna.
Como una película de old wive’s tale
O del far west, la bala hace visible
La hojarasca chirriante de la ira alevosa
Y el fácil albedrío del pulso para museos.
No es fácil la verdad ante declaraciones
Plenipotenciarias;
Pero ella sobrevive, sustancia profética,
Al peligro oscuro de este mundo
Donde la libertad dicen poseerla los piromaniacos.
Así aparece la tiniebla de crujientes relojes
En la cavilación del cieno con dardos de cadáveres.
De la opresión al exterminio sólo hay un paso;
Pero cómo hacer circulatoria la libertad,
Sin que la desarmen las doctrinas con su aparejo
A cuestas en lomo de jumento,
Sin que el miedo la convierta en obsesión clandestina
Y tengamos ciegos sótanos por sábanas.
¿Cómo hacer volver el rocío de las palabras
y que cese el subdesarrollo y las criptas?
Esta es la gran pregunta.
Ustedes tienen la palabra
Pese a estar rodeados de sutiles guillotinas…
Barataria, 03.08 de 2006.
Del libro inédito: Caminos cerrados, El Salvador, 2006.
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