domingo 11 de mayo de 2008

Acto de fe_André Cruchaga

Ilustración: Fernand Léger.





Acto de fe





Una somnolencia de polvo abre las persianas de las pupilas;
El sopor del contrainvierno sigue mordiendo el horóscopo.
En unas gotas de neblina intento salvarme de los últimos días
Y echar a la suerte este calor cuyo fondo hace sangrar el alma.
Desde tiempos remotos habito fantasmas lunares para que la verdad
Siempre sea una falda larga y el vacío se torne en barca viviente.
Crepúsculos encendidos lamen la atmósfera con antiguos
Relámpagos de poderosos océanos. Cualquiera puede ver
Las luciérnagas de la Vía Láctea a través de los mapas de google,
Y los millones de rostros invisibles ampliando la conciencia del tiempo.
También se ven los grandes hangares donde los niños lloran,
Cuando la orfandad les quema las pupilas y el dolor se yergue
Como única riqueza, extraña riqueza robándose el aire y las almohadas.
Hasta cuándo serán las manos invisibles del universo,
O, por el contrario, la alacena para refrescar la historia del presente
O de ese futuro incierto al cual invocamos con todos los ángeles
Encarnados a kilómetros luz del fuego vital des nuestro forcejeo.

Ya la lluvia ha caído en raciones diarias de agonía. Ya el confeti
De la hojarasca ha lamido nuestros rostros con su profundo libro
En sepia, ya los fósiles crecieron en su liturgia de siglos utópicos.
Ahora es necesario explorar en la frente de los pájaros: nacer
En la simplicidad del hálito, en los meses de las raíces, en la rama
De los espejos hasta poner en su perennidad el agua de los ríos.
Nada es más cruel que una casa habitada sin mañanas, sin saber
Que la luz —en su jardín milagroso—nos puede sacar de las osamentas,
Y elevar nuestros días a escenas de vivientes sábanas.
Nada es más gratificante que recrearse en los ojos de los niños
Y ver la hamaca de luciérnagas de sus brazos, su boca de relámpagos,
Su pequeña sucesión de umbrales, despertar sin el despojo
Umbilical del caos y el vejamen, sin la intensa salmuera de la basura…

Ya tenemos tiempo de jugar a la noche y a sus trenzas de ceniza.
El viento ha hecho cuevas en la osamenta de la conciencia.
Nos toca descorrer la nada, las esquinas del veneno, el titubeo
De las colillas, las puertas cerradas del espíritu, los rostros cruzando
Persianas para contabilizar desde cero, los nuevos embarazos.
Y desde allí, imaginar los relojes con agujas limpias…
Y desde allí, ni féretros, ni tumbas, ni puñales con salmuera.
Y desde allí, el día, el principio del fuego, el principio del agua
Con bañeras de fortificada razón, sin nadie que sangre páginas heridas.
La boca sin espinas es posible. Es posible el sendero sin estiércol.
Es posible el aire jugando a pájaro, a mesa, a alimento…
El amor es posible con sus peces de curiosa premura.
El amor es posible aún entre las playas oscuras de walt street,
En los túneles donde las sombras se vuelven espadas…
Aún en esta noche donde la lluvia arrecia y los antiguos dioses
Todavía supuran manuales de aviesas pasiones,
Es posible ser uno derribando el odio…
Barataria, 11.V.2008.
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jueves 8 de mayo de 2008

Confesión del desvelo_André Cruchaga

Ilustración: Fernand Léger.






Confesión del desvelo




Por todos los ángeles de la potestad mi voz se alza:
—odre, vasija, buscando despegarme de la hipotenusa
De los fantasmas, de las habitaciones obstinadas, del esqueleto
De la voz, de las uñas vencidas en la resistencia de la oscuridad,
Aquí los labios derramados en la almohadilla de la tinta,
Territorio golpeado por un granizo de cementerios —mar
De escalofríos sobre el pañuelo en pedazos de los grillos.
La vida está a este lado donde cuelgan las cruces y la basura,
Los brazos empobrecidos como flacos tapiales de huesos,
La soledad ganando huesos y clavos y madera ciega.
El amor que baja al litoral de mi cruz, colgando cavidades
De párpados, luciérnagas olvidadas por alguien, fósforos
Sin retorno, arrepentida llovizna del arroz para mi cuerpo.

Desde siempre olvidé los cántaros del aguacero, el cielo
Del invierno caminando sobre mi carne. Invierno terrestre
Establecido en el cuenco de mis poros, descalzas huellas
Vegetales, terriblemente fotográficas en mi barba de errante
Estatua. Caballos en el bosque de mis propias colillas, tapiales
De musgo con las garras de un gato montés, escaleras dolidas
Sobre el agua, sal de la Patria en medio de una turba de naipes,
Papeles besando mi tinta, el pétalo de las líneas, el harapo
De los pétalos en mi propio vaho, en mi propia espuma de ataúdes.
A la luz del agua hay un umbral de barcas, goterones de túnicas,
Días más cortos implorando trenes o anchas ventanas
Por donde desnudar el aliento y caminar desprovisto de ropas.
A mi edad el hambre carece de zapatos: se vuelve cama,
Horizonte o simplemente una herida, húmeda campana
De mariposas, ronco desdén a la matemática…

He vivido en esa vieja costumbre de madrugarle a las paredes,
A la ciudad, al vecindario de mi Patria, a cada pieza de ajedrez
De sus alas, a su hamaca de cucharas esperando meses, a su áspera
Piel de miedo por donde gotean los deseos y las caderas
Más enhiestas y la moneda que nos deja sin nombre y vestido.
La cama le madruga al cuerpo olvidando sus cobijas;
La noche, a las cerraduras y a la voz de las ventanas, al ojo
Conyugal de la ceniza, compartida libélula de las pestañas.
Para andar en este cuerpo de meses y años, y vivir el fuego
Helado de la tierra y el cielo, junto a siglos de espinas y lenguas
De audaz parpadeo, me levanto desatando de sus nudos
Esta vida que copula en la sintaxis del cierzo y en el bajorrelieve
Del alfabeto con su ola de cóncava liturgia.
Cuando los sustantivos tienen pereza de mi cuerpo y el paisaje
Suda miedo, soplo el polvo del mal, los secos ataúdes, las velas,
La publicidad de Coca-cola, la ciudad con el pavor pornográfico;
Pero claro, no siempre se puede con tantos restos de cerveza:
Uno camina y camina de acá para allá: y resulta desconcertante:
Los electrodomésticos anulan la lucidez; el amor conyugal
Se vuelve un peligro como los pájaros salvajes en las pestañas.
Por todos los demonios que nos cambian el tiempo y el menú,
Caminamos borrando letras del alfabeto, quitando moralejas
A los espejos, haciendo de los centímetros lúgubres medidas…

De repente, demandamos más funerarias y menos palabras.
Barataria, 06.V.2008.
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jueves 24 de abril de 2008

Imágenes urgidas_André Cruchaga

Imágenes urgidas



Han pasado los años, Se siente el estiaje
De los mares sobre la espuma, de esas aguas idas:
Sombras en las páginas de la piel
Imágenes urgidas
Varadas en el muelle de los labios
Sin decirse, sin pronunciarse,
Siempre de regreso como pedazos de papel
En el invierno de la medianoche

Pasan también los días abriendo viejas heridas
Y oyendo caer el esqueleto de múltiples relojes

Gritan los fantasmas agarrados del sombrero
De las estrellas; orina la luna de reojo,
En las calles donde habita lo póstumo
Y los domingos muerden el bolsillo
Como los ojos que cuelgan del cielo,
Como los relámpagos del más allá…

Pasan las horas con su ataúd de humo.
Pasan jaulas con las mandíbulas
Tiesas de los cuerpos:
Ácidas pupilas. Mejillas ya sin gritos,
Vértebras soportando las agujas de la patria,
De la historia…
Siglo de noche con jinetes agrietados
Y armaduras que sangran en cada galope
Donde el mal incuba y castra ilusiones

Bailan en la sangre los espíritus.
Ahogan sus gestos en los ciervos.
Los ríos chorrean pájaros muertos.
Días sin orgullo donde el luto
Siembra cometas y las sombras resplandecen
Como un “bosque azul” desteñido.

Los minutos entretanto cantan a capella
El do re mi contra un follaje de moscas.
El Salvador, Septiembre 7 de 2003.
Leer mças en:
www.artepoetica.net
www.palabravirtual.com
http://elcieloacaballo.blogspot.com

lunes 21 de abril de 2008

28 de mayo_André Cruchaga

Ilustración:Fotografía de mi madre.






28 de mayo





Se ha ido hoy con ese pálido frío de lo inasible;
Sus párpados cerrados y el ojo oculto.
Su corazón ha callado. Lejos están las campanadas
De su voz tímida y su ser resuelto a la recia
Tormenta de la vida.
Sólo queda en el ámbito de su cuarto, la sábana,
La almohada y el hálito agónico de los cirios;
También el vacío ensimismado de su cuerpo materno.
Hoy me sobran razones para ver al pájaro
Agónico, la tarde gris de tormentas y el cielo
Cerrado sin estrellas tutelares.
Cerrada ha sido tu presencia en esta casa,
Cerrado el pétalo fresco de la rosa en la fosa
Inerte,
Cerrado el reloj, mientras se entreabre la memoria
Y empieza el carrusel de los espejos y ventanas
A filtrar el suspiro del crepúsculo en las pupilas.

Hoy te me has ido como se va el campanario
Del alba…

Jamás supe medir lo desquiciante de una partida;
Seguramente porque ellas no agostaban el alma
Y siempre volvían al amanecer al punto de su origen;
Pero ahora no. Es irse sin mirada y dejar sangrando
Otra cruz y otros cuerpos adoloridos…

Es partir sin gozo y avivar la sed con cicatrices;
Desgarrar la entraña en el dintel de la esperanza
Y abrir el silencio de una luz muda sin guitarras…
Barataria, 28 de mayo de 2006.
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lunes 7 de abril de 2008

El poeta habla con la muerte_André Cruchaga

Ilustración: Joan Miró.





El poeta habla con la muerte




Y no es recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos.
César Vallejo




Luciérnaga de sangre coagulada. Viento helado
Bajo el suplicio de una luz sin caracoles.
Bosque de cipreses apagados. Bosque negro.
Negro silencio del polen multiforme.
Hoguera marchándose con un ruido de madera:
Vida hundida en el cuenco de moscardones,
Muerte punzando los rincones de la niebla.
El filo del tiempo corta el suspiro.
La paz íntima se pierde en un instante.
Desnuda queda la tela del barro y el labio reseco;
Sin ceño la frente del viento;
Sin música la rendija de los ojos;
Espeso el zumo de la memoria, intenso y pulsante.
Asombro negro. Negra gaviota del crepúsculo.
Te llevas la flor y el polen. Te llevas el seno y el rezo,
Gavilán negro de trenes herrumbrosos.
Te ocultas en la lluvia y en la campánula,
Peregrina oscura, cubierta de palpitantes nubes.
Nadie sabe cuando vienes; y sin embargo, corroes,
Gusano de trenes trazados por el precipicio.
Nadie ve tus dedos ásperos, tirana del desprecio.
Nadie te ve venir con el ojo del bramido.
De repente estás ahí, pálida mortaja,
Coronando de borrasca el risco de la llama.
De repente estás ahí, en la paja y el alboroto
Con los trapos rígidos del ornamento
Como un reloj desvencijado después de la jornada.
Tu voz se hace patente en el llanto.
Te hartas en el minuto y la hora de las llenas:
Haces callar con la lengua muda de los candelabros
Esa voz ardiente de las alas…
Barataria, 09 de marzo de 2006
Del libro inédito: Viajar de la ceniza, prólogo de María Eugenia Caseiro.
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sábado 5 de abril de 2008

Vencimiento de la muerte_André Cruchaga

Ilustración: Wassily Kandinsky.







Vencimiento de la muerte



A mi madre

I

La tumba vacía es sólo un pájaro sobre la piedra;
Trance del galope, sueño tan antiguo
Como el afán de los ecos
En heladas superficies.
Qué será de esta mágica atmósfera de bálsamo,
Donde la muerte tornó su jerarquía
En vértigo inasible de secreta luz,
En voz lúcida del asombro,
En hilo unitivo del vuelo.
Ya no es el dolor delirante en la memoria,
Ni siquiera el vaso extremo de la visión,
Ni la hora hundida de la oscuridad,
Ni la respiración caída en la ciénaga de los pasos:
La voz ya no es destrucción, ni voraz hoguera.
Hoy, del yermo brotan sus dos manos transparentes;
Su ráfaga palpitante trasciende los huesos
Y el nicho;
El rostro hace visible el hilo de agua de la vida;
Y las campanas, la certidumbre de un rostro
Que regresa a su almohada,
Con la evidencia de saberse revelado.



II

Allí ante el asombro abierto del camino,
Y perdido el ataúd del llanto,
Salidos del naufragio y vueltos al horizonte,
Mi madre mira desde arriba,
La propia emancipación del calendario.
El dolor ya no tiene forma de lágrima,
Ni siquiera es dolor la luz de sus pupilas,
Ni la realidad corrompe su entraña…
Dios está con ella en gracia plena,
Hilando los telares de su alma eterna.
Del Libro inédito: Viajar de la ceniza, prólogo María Eugenia Caseiro
Barataria, 16 de abril de 2006.
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viernes 4 de abril de 2008

Elegía última_André Cruchaga

Ilustración: Joan Miró.





Elegía última




Parte de ti se queda en las vigas de esta casa;
En la faz del dintel;
Tu voz viva en la memoria, aunque estés muerta.
Aquí dejas tu alma que nos mira
Como la llave íntima de la conciencia.
Tu adiós tiene la dulzura de la espera;
Pero también la angustia del ijar rendido.
Para siempre estará la casa vacía. Cerradas
Las bóvedas de los ojos, sólo el silencio
Soplando los cabellos,
Y haciendo eterna la luz de tu lejanía.
Ya no estarás aquí, pero sí en la fosa viva de la tumba,
Entrelazando carne, tierra y ríos de frías corrientes.

Ya no estarás aquí, pero existes en el sendero de la mente.


El tiempo sigue latiendo en el espejo:
Tuyo y mío. ¡Anda, me dices! Desde tu sombra infinita.
Este vivir en la muerte es un fuego perenne.
Desde la cuna, el gemido y el suplicio;
Del día a la noche la abierta herida convertida en aliento.
Aquí, en el patio, los pájaros sobre las buganvillas,
Con los ojos puestos en la luz de las ventanas:
¡Increíble misterio de la vida!
Vida en el trajín de la ceniza, hecha musgo en el pecho.
Para mí hablas muda; otros envejecen;
Tu memoria perpetua es mi compañía.
Sangre y luz aquí. Trementina toda en el asta
De mis sienes.
Del libro inédito: Viajar de la ceniza, prólogo de María Eugenia Caseiro.
Barataria, 13 de abril de 2006.
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lunes 31 de marzo de 2008

Antes, nada, después humo_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Marc Chagall.





Antes nada, después, humo





“¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!
¡Poco antes nada y poco después humo!”
Francisco de Quevedo.



Detrás de puertas y ventanas hay sueños
Hay manos piadosas alegrías angustias
Hay sin duda vuelos que se apagan con el llanto
Hay una fatiga de vivir como las hojas que caen:
Los vientos se llevan la estación donde anclamos
Pequeños íconos convierten el tiempo en ángeles
Plegarias dolientes como la adultez
Destinos que se escriben sobre la arena
Promesas convertidas en tormentas de soledad
Huellas dejando su ternura sedienta
Edades desvanecidas en los ojos tumultuosas de la piel
Nada fueron sino un lago del tránsito
Puertas y ventanas hoy asediadas por la herrumbre
Zonas donde dejó de crepitar la hoguera
Y crecen los destellos de la aridez
Mareas de murciélagos desvelados
Sal gastada por las piedras de la incertidumbre
Moho ensimismado de una existencia
Y ahora extiende su lengua de imposibles arco iris
Detrás de esa puerta y ventana el yo el nosotros
Todos los pronombres del candor que nos retratan
Nuestro mundo palidece carente de amor
Heridas que nos dejó el musgo del embeleso
Sueños huracanes inviernos huéspedes
Ríos rompiendo las aldabas y desgarrando los cabellos
Siguen habitando la órbita de los ojos
Y el más profundo follaje de la sobrevivencia
Toda la fuerza memorable se va en las sombras
Sombras que un día tuvieron vida propia
Sombras se hermanaron con la ceniza
Sombras tangibles como los pezones turgent follaje
Sombras tan posibles en el dominio de la piel
Sombras la extensión de las planicies
Sombras dejadas de ser sombras
Sino mares flotantes sobre el desvelo del sigilo
Sobre la brisa y el hondo secreto de los vitrales
Sombras dejadas de ser sombras:
La edad las convirtió en anhelos
Sombras que no fueron sombras
Y sin embargo están ahí palideciendo sin linterna
Espacio fugaz de la memoria en su destierro
Sombras irremediablemente sombras:
Ceniza ensimismada de las ruinas en las sienes…
Barataria, 13012004.
Del Libro inédito: Transparencia esperada.
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domingo 30 de marzo de 2008

Prontuario de la inmolación_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Joan Miró.





Prontuario de la inmolación





Ahora hay ciudades oscuras
Ahora faltan ciudades blancas
Y sueños concebiblemente transparentes
Hay ríos navegables en la sangre
Aunque nuestra conciencia lo reproche
Alguien malgasta su tiempo supurando dolor
Se resiste a aprender del balasto y el venablo
A descubrir su fuego interior de jazmines
Y a cantar bajo la silueta de la luna
Sé que venimos de una atroz oscuridad
Del dolor efímero o permanente
De las aguas de los primeros fluidos siderales
Sólo falta buscar la luz y nuestro tiempo
Buscarlos nada más donde habitan las hormigas
Donde cielo y tierra forman una sola argamasa de helechos
Para profetizarnos nuestra propia fragilidad humana
Los seres humanos estamos en la tierra
Junto a las primeras aguas del milagro
Y ahí cada quien es quien
Con su vida y con su azarosa muerte
No sólo hoy nos invaden las ciudades de ladrillos
Sino también las sábanas secretas
De los sótanos y los subterráneos
El rap y el hip hop nos muerden posesivamente y nos llagan
El odio sangra y transpira como una oxidada canícula
Estallan múltiples gritos en todos los instantes
La muerte muerde nuestros zapatos
Todo está dado como un chorro de miel espesa
Para que lo adusto lo convirtamos
En un resplandor de terciopelos
El fondo de la noche se nos precipita con turgencia
Brotan como brujas las Torres de Babel
La tierra que es ventana de panes y espejos
Se nos torna de repente peor que el aguardiente
Nos queremos saciar como dioses
Y sangramos como oscuras monedas impunes
Por ello no podemos olvidar los sueños:
Incendio y rito peligrosos
Nos hacen transpirar oscuros poderes
Abrojos inminentes inhóspitas enredaderas
Templos de sal que el mar deshace
A menudo nos peleamos con nuestra conciencia
Porque forma parte de nuestra tórrida agonía
Nos queremos definir entre reflectores
De muelles desvencijados
Inventar un traje para el viento recostado sobre las piedras
Recordar el rito milenario de la inercia
O incendiar los jardines que viajan con las estaciones
Forcejeamos a diario pues con nuestra conciencia
Porque la ansiedad nos inunda de gemidos
Y tomamos como dogma las tozudas nostalgias
De un monólogo cortado con el filo de la noche
A menudo nos montamos en las ancas de los naufragios
Sin un salvavida
Y nos olvidamos que somos afluentes de una misma hoguera
Aunque con distinto abandono y disímil barcaza…
Barataria, 11122003.
Del libro inédito: Transparencia esperada.
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sábado 29 de marzo de 2008

El sueño levanta los cuerpos_Poema de André Cruchaga

Ilustración: René Magritte.





El sueño levanta los cuerpos


Dormimos con los ojos cerrados
Pero con el alma abierta
Soñamos con mares abiertos a los pájaros
Volamos como barcos con los ojos puestos
En los trastornados senos de la espuma

En esa embriaguez de sentirnos absortos
Trenzamos ilusiones
Y pintamos paisajes
Amamos la introspección de la noche
Y atamos las manos de la melancolía
Que brota de los poros
Atravesamos horizontes azules
Dialogamos con el ciego rostro de los perros
Nos sobresaltamos del sonido blanco de las campanas
Del mantel que escucha las horas
De los zapatos que de súbito se quedan sin cuerpo

Dormimos y hay pájaros espesos que nos miran
Dormimos y la habitación nos cubre de extraña pesadez
Dormimos y alguien nos muerde la memoria:
Alguien tira gaviotas fingiendo hojas
Alguien en lo inerme resbala negaciones
Alguien escucha largamente el silencio

Dormimos…

En ese torrente inaudible de mar desbocado
Pasa el día y pasa la noche
Pasan peatones y asombros
Pasan cántaros de ternura
Pasan párpados monologando con su rostro
Pasa la muchacha irreal con la cual soñamos
El malhechor el fanático
El árbol de la perplejidad
Visiblemente entre bruma y oquedad
Las ausencias que transgreden la tranquilidad
La superficie destejida de los meses
Las figuras sepias o amarillas
En medio de la trementina derretida del subconsciente

Dormimos prolongando las alas de las jugueterías
Dormimos sin saber que nuestro cuerpo se queda
Como un muelle donde se juntan barcos
Velas
Y lluvias.
Barataria, 09122003.
Del libro inédito: Transparencia esperada.
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